La presidenta Mireya Moscoso ha decidido no asistir a la "Semana Panameña" que se realizará en Washington la próxima semana, según expresó el canciller de la República, José Miguel Alemán.
Alemán manifestó él y el segundo vicepresidente, Dominador Kaiser Bazán, asistirán en representación de la mandataria panameña.
Esta sorpresiva decisión tomó por sorpresa, y conmovió a funcionarios de la Embajada de Estados Unidos, quienes hacían los esfuerzos para lograr una entrevista con el presidente Bill Clinton, aunque el viaje de la mandataria panameña a Washington no había sido confirmado.
"La presidenta irá a Guatemala para una Cumbre Centroamericana de mandatarios, pues que yo sepa, no tuvo planeado ir a Washington", declaró Alemán a este corresponsal de El Panamá América, durante una recepción del Día nacional de la República Federal Alemana.
Hasta ayer, funcionarios estadounidenses, así como los organizadores de la Semana Panameña, el Consejo Empresarial de Estados Unidos-Panamá, estaban convencidos que la presidenta Moscoso asistiría a por lo menos tres actos, entre los que destacan una recepción con los miembros del Congreso, una cena ofrecida por el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otra cena en la que se honraría a varios funcionarios norteamericanos que participaron en las gestiones que llevaron a la firma de los Tratados Torrijos-Carter.
Si la presidenta panameña se hubiera reunido la próxima semana con los líderes del Congreso, ésta hubiera recibido mensajes contrapuestos.
La mayoría de los Demócratas, el partido que más apoyo al presidente Jimmy Carter en las negociaciones con el gobierno panameño que resultaron en la entrega del Canal, aplaudirán la manera ordenada en que culmina la implementaron de los tratados firmados en 1977.
Menos uniforme será el recibimiento que le acordarán a los funcionarios los Republicanos que actualmente controlan el Congreso. Sin ahorrar críticas a la política hacia Panamá del presidente Bill Clinton, estos presentarán una gama de posiciones divergentes entre ellos mismos.
Los funcionarios panameños tendrán un encuentro con por lo menos 30 miembros de ambas cámaras en una recepción que ofrecerá en su honor el presidente del Senado, Trent Lott, en el Capitolio el próximo miércoles, 13 de octubre a las 17:30. Es el primer evento del programa llamado "Panama Week" organizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá que enfocará la transición del Canal y contará con oradores como el exsecretario de Estado Henry Kissinger y el secretario del Ejército Louis Caldera así como el Administrador del Canal, Alberto Alemán.
Lo que no figura en el programa emitido por el Consejo son las reuniones que el embajador de Estados Unidos en Panamá, Simón Ferro, se esfuerza por concertar con la secretaria de Estado, Madeleine Albright, el enviado especial de la Casa Blanca para Latinoamérica, Buddy MacKay y su predecesor, Thomas "Mack" McLarty, así como con el vicepresidente Albert Gore y el propio presidente Clinton.
En lo que respecta al Congreso, el representante Benjamín Gilman, presidente de la influyente comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja, quiere que Clinton extienda concesiones económicas a Panamá para fundamentar una nueva "relación estratégica" que incluiría acuerdos para lanzar una "lucha común contra el narcotráfico y el terrorismo internacional".
Los observadores y funcionarios diplomáticos consideran que lo que el congresista de Nueva York pretende es finiquitar una relación más estrecha para prevenir cualquier incursión de guerrillas o paramilitares colombianos a territorio panameño en el Darién.
Esta relación podría incluir la concesión de una pista de aterrizaje, similar a los acuerdos que Washington logra con Ecuador y las Antillas Holandesas, para reemplazar la vigilancia conjunta antidrogas que se realizaba desde Howard, según asesores de Gilman.
Por otro lado, representantes del ala ultraconservadora como el congresista Dan Burton sostienen que el retiro de las bases militares abre una brecha a la seguridad de Estados Unidos, por la cual podrían entrar los comunistas chinos para, literalmente, sabotear el Canal.
Aunque pocos legisladores responsables dan crédito a este razonamiento xenofóbico, Burton y un reducido, pero vocal núcleo de "ultras" han lanzado lo que esta surgiendo como una campaña para atemorizar a un público estadounidense que ya está siendo sometido al repiqueteo de los tambores partidistas para la elección presidencial del próximo año.
"Está claro de que los funcionarios panameños se enfrentarán a un Babel de voces en el Congreso que poco o nada tiene que ver con la política de Estados Unidos hacia Panamá", aseveró un veterano observado diplomático que prefirió que no se usara su nombre. "Pero sí tiene todo que ver con la próxima campaña electoral en la que los Republicanos tratarán de dañar a los Demócratas con lemas propios de la Guerra Fría, olvidándose de que esta ya término y, que es lo peor, que las ganamos".
De hecho, Burton durante una audiencia del Congreso la semana pasada, volvió a la carga advirtiendo que "los comunistas chinos podrían controlar los dos márgenes del Canal" a través de la concesión otorgada por la ARI a Whampoa Ltd., una subsidiaria de la empresa Hutchinson Port Holdings de Hong Kong.
También el congresista republicano Don Rohrabacher echó rodar esta bola aseverando que los contratos con Hutchinson permiten a ésta elegir los pilotos que muevan sus barcos a través del Canal para así poder sabotearlo.
A estas hipótesis alarmantes se añadió la voz del exsecretario de Defensa del Gobierno de Ronald Reagan, Caspar W. Weinberger, que en un artículo para la revista Forbes reiteró las acusaciones de los congresistas en el sentido de que Whampoa constituye "la mayor amenaza al Canal" una vez retiradas las bases de Estados Unidos.
Weinberger, que desde que dejó el gobierno se viene asociando con grupos académicos de derecha, cita a expertos según los cuales, Hutchinson tiene vínculos estrechos con el gobierno y ejército chinos, algo que la compañía niega.
Estas acusaciones han causado malestar hasta en figuras conservadoras como el Senador Jesse Helms, que ordenó una minuciosa investigación de los alcances de la licitación que ganó Whampoa y que concluyó que no presentaba ningún peligro para la seguridad del Canal o de los intereses de Estados Unidos. Aunque Helms, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, votó en contra de los Tratados Torrijos-Carter, ahora insiste en que deben ser cumplidos ya que fueron ratificados, aunque por sólo un voto más de los dos-tercios necesarios.