Washigton - Hoy, después de casi un siglo marcado de incomprensiones recurrentes y periodos de acierto y amistad, Estados Unidos transfiere a la República de Panamá de manera formal y definitiva, la soberanía y el control del Canal.
El gobierno del presidente Bill Clinton desea abrir "un nuevo capítulo" en las relaciones de los dos países ya libres del enclave colonial, y de los sinsabores que este ha creado a través de los años, según las propias palabras del mandatario.
Pero, a juzgar por informes obtenidos por la corresponsalía de El Panamá América en esta capital y Panamá, la ceremonia de la transferencia demuestra que, por lo menos en lo que concierne el protocolo, los hábitos del pasado no son fáciles de cambiar.
Algunos desacuerdos relacionados al protocolo de la transferencia, asuntos de seguridad y el constante repiqueteo de los tambores de los ultraderechistas del Congreso y los militares retirados que se oponen a los Tratados Torrijos Carter, sugieren que la nueva relación requerirá un lento ajuste antes de entrar en un periodo de "mayor equidad, amistad y cooperación" al que aspiran Clinton y la presidenta Mireya Moscoso.
A través de fuentes oficiales, se supo que Estados Unidos se opuso a la ceremonia realizada ayer frente al edificio administrativo de la Comisión del Canal en la que se bajó por última vez la bandera de las barras y las estrellas que flameó sobre la vía interoceánica desde 1914.
Esta ceremonia estaba planeada para el mediodía de hoy pero el secretario del Ejército de Estados Unidos, Luis Caldera, que hasta el mediodía de hoy funge como presidente de la comisión, insistió en que ese acto se realizara ayer a la tarde tras la reunión de los viejos y nuevos comisionados con la presencia de la presidenta Mireya Moscoso, pero sin asistencia del público, afirmaron las fuentes.
"Pareciera que Estados Unidos todavía no se ha librado del paradigma zoneíta", comentó un funcionario que asistió al acto, pero que pidió que no se usara su nombre.
"Es como si quisieran restarle al pueblo panameño la majestad de la bajada de la bandera, tal como la vimos en Hong Kong y en Macao. Está claro que ellos impusieron su protocolo y nosotros lo aceptamos, así no más".
En tanto en Washington, en una insólita acción de última hora, el congresista Bob Barr, republicano de Georgia y uno de los más vehementes críticos de los Tratados Torrijos-Carter presentó ayer en la tarde una petición a la corte del Distrito de Columbia, exigiendo una orden judicial para que se suspenda la transferencia del Canal.
Expertos legales, así como un vocero de Judicial Watch, un organismo no gubernamental que se ha dedicado a atacar a Clinton y que se encargó de difundir la acción de Barr, coincidieron que esta es más simbólica que otra cosa.
La petición de Barr, que está acompañada por una demanda de Albert B. Hendricks, un ex piloto del Canal que sostiene que fue despedido ilegalmente, incluye una demanda contra la secretaria de Estado, Madeleine Albright.
"Pensamos que esto es un gesto sin mayor transcendencia," señaló un abogado de una firma que representa al gobierno panameño.
"Evidentemente los enemigos de los tratados están buscando cualquier manera de restarle brillo a lo que es un evento de gran magnitud histórica".
Pero no todas las amenazas vienen del exterior. Hay temor de que grupos milenarios que pronostican el fin del mundo, traten de acelerar el proceso con atentados motivados por razones religiosas o por disturbios psíquicos.
Cerca de Fort Worth, Texas, un mecánico de la compañía aérea American Airlines fue arrestado e inculpado por posesión de explosivos.
En el domicilio de Jere Wayne Haney, de 42 años, la policía descubrió un verdadero arsenal, que incluía 20 kilos de nitrato de amonio y varios manuales que explican cómo fabricar bombas, además de 12 rifles y cuatro pistolas con 2000 balas.
El mecánico, que, para sorpresa de nadie, inmediatamente fue despedido por American Airlines, también tenía en su casa propaganda antigubernamental y documentos publicados por grupos racistas, según la policía.
No obstante, Haney fue liberado tras sólo una noche de detención hasta su comparecencia ante un juez, prevista para el 4 de enero.
Para no quedarse atrás en la siempre viva competencia entre Texas y California, en Fresno, una considerable cantidad de dinamita, pólvora y explosivos militares fueron robados de un arsenal de la policía, agudizando temores de que alguien pudiera estar preparando un atentado para fin de año.
Pero el alcalde de Fresno, Jim Patterson, dijo que "de ningún modo" permitirá que el robo opaque las celebraciones cívicas organizadas por su municipio.