Estadísticas de la Oficina de Salud del Sistema Penitenciario revelan que los casos de tuberculosis en las cárceles aumentaron en un 76% entre el 2006 y el 2007.
Un total de 55 casos de tuberculosis fueron tratados el año pasado dentro de los centros penales de todo el país, mientras que en el 2006 sólo se presentaron 26, es decir hubo 29 casos más en el 2007.
Lissa De León, jefa de la Oficina de Salud Penitenciaria, dijo a Panamá América que una vez que los pacientes con tuberculosis son detectados, son trasladados de la celda a un espacio de la clínica de la Cárcel La Joya, en donde se le da la atención primaria, que incluye la aplicación de medicamentos para combatir la enfermedad.
Explicó que luego que el paciente pasa la primera fase de la enfermedad que dura por lo menos 15 días, es regresado a la celda, pues se estima que en ese momento el padecimiento no pone en peligro de contagio a sus compañeros de prisión.
La clínica del penal La Joya es el único en la capital que atiende a los prisioneros con esta enfermedad y para ello, tan sólo cuenta con ocho camas, informó De León.
La segunda fase, que dura cerca de seis meses es controlada a base de medicamentos y con el uso de medidas higiénicas como lavarse las manos y taparse la boca al toser.
De León hizo énfasis en las dificultades que enfrenta el equipo de médicos de la oficina de Salud, ya que para que un detenido sea atendido en la clínica hay que pasar por una serie de revisiones y el reo debe tener un guardia que lo acompañe.
Esto hace demorado el proceso de atención de los reos.
Además que no cuenta con el personal adecuado para atender a los detenidos periódicamente.
"El Sistema Penitenciario no cuenta con los medicamentos ni las instalaciones adecuadas para darle el tratamiento a las personas que padecen esta peligrosa enfermedad, por lo que podría desencadenarse una epidemia, así lo reveló Javier Justiniani de la Fundación de Apoyo al Detenido".
Según Justiniani, la mala alimentación que se le brinda a los detenidos impide que mantengan la cantidad suficiente de defensas que les ayuden a combatir enfermedades.
De León aceptó que el hacinamiento y la mala alimentación en las cárceles son factores que incide n en la gravedad de la tuberculosis.
Pero, para el director del Sistema Penitenciario Luis Gordon, la situación es diferente, pues asegura que en las cárceles panameñas cuando el personal de Salud detecta a una persona infectada de tuberculosis es segregada a la clínica del centro penal donde se le brinda el tratamiento adecuado y luego de superar el episodio es reintegrado a la población general de la cárcel.