Mientras la Asamblea Nacional tiene previsto hoy iniciar el tercer debate de reformas a la ley del transporte público de pasajeros, los usuarios planean acciones para mostrar su inconformidad con lo aprobado.
El Movimiento de Usuarios 23 de Octubre, ha pautado una propaganda que será transmitida en los medios de comunicación, para llamar la atención tanto de la sociedad civil como de las autoridades.
La razón es que por un lado, como sabemos, hay insuficiente producción local de leche y, por el otro, escasez en el mercado mundial. A las industrias panameñas no les quedó otra opción que comprar a precio "record" y a un solo vendedor: la compañía Fonterra de Nueva Zelanda. Cuando se transó la compra ni siquiera las plantas de producción de EE.UU. que están autorizadas por las autoridades panameñas tenían producto disponible.
Fonterra es la compañía productora de leche número uno en el mundo. Ella sola es responsable de más de un tercio de la leche que se comercializa internacionalmente. Fundada en el 2001, es propiedad cooperativa de más de 11 mil lecheros neozelandeses.
Pero bueno, los lecheros de Fonterra, al igual que los del resto del mundo están felices. Debieran estarlo al menos. (En el país hay unos 5.800 productores de leche, según cifras del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, al 15 de junio de este año ). La combinación de factores como el cambio climático, políticas comerciales o de intercambio y la competencia por el alimento para el ganado (concentrados) con los productores de biocombustibles, ha llevado los precios globales de la leche a duplicarse en los últimos dos años.
Por ejemplo, se ha informado que hay lugares en EE.UU donde la leche es más cara que la gasolina. Y es que los precios de los productos lácteos, en Nueva Zelanda y el resto del mundo, están elevándose junto con los niveles de ingreso, gracias a lo que ha empezado a llamarse, también, el "boom" global de la leche.
Esto es, la fuerza mayor que incrementa los precios de la leche es la misma que ha elevado los precios de los productos como el acero y el cobre: un crecimiento de la economía global.
La leche se ha convertido, en términos acuñados por analistas, en la "marca" o "insignia" del nuevo dinero, de la nueva economía mundial. Junto con los "laptops" y los "Ipod´s", el blanquecino y nutritivo líquido es parte de la dieta diaria de un creciente número de personas con cada vez mayor capacidad adquisitiva.
Alex Duncan, un economista precisamente de Fonterra, dijo recientemente que "para satisfacer esa demanda cada año se requerirá adicionalmente una cantidad equivalente a la total producción de Nueva Zelanda, décimo productor mundial: 14,5 millones de toneladas.
Eso es mucha leche. Algunos economistas han puesto en duda que las vacas del mundo puedan cumplir esa meta. Por ello sostienen que hay grandes posibilidades de que la escasez de leche, que hasta ahora se observa en algunas partes del mundo, se extienda a un mayor número de países.
Cierto es que la producción está creciendo en los mercados emergentes como China, pero la demanda también sube y aún más rápidamente. Una persona promedio en China consume ahora más de seis galones de leche al año, arriba de los dos galones que consumía en el 2000. De manera que mientras China es ahora uno de los principales productores de leche al año es también el mayor importador del mundo.
Un problema adicional con la leche es que no es como el petróleo: no se puede meter en barriles y almacenar. Se pone "amarga". Aún en polvo, forma más mercantilizada internacionalmente, le leche tiene un tiempo determinado de vida útil.
Ante tal dificultad, solo el 17% de toda la leche producida globalmente es comercializada. El resto, 83%, es consumido en los mercados domésticos, los cuales suelen estar protegidos por barreras arancelarias o subsidios a los productores. Por esto es que el efecto de una eventual escasez global varía de país a país, y no todos los consumidores llegarían a sufrir su impacto.
En todo caso, el panorama proteccionista está cambiando. Los países de la Unión Europea (UE) acordaron la semana pasada eliminar las ayudas a la exportación de todos los productos lácteos como consecuencia de sus reformas agrícolas y por "la extraordinaria" situación de los mercados, según informó la Comisión Europea.
La UE empezó en 1993 a reducir los subsidios y a mediados del 2006 se habían suprimido para la leche en polvo descremada y a principios de año para la leche entera en polvo y condensada.
Pero debido a esta naturaleza local del mercado, hay poca capacidad de manejo. En el pasado, el mundo podía contar con EE.UU. y Europa para atender sus requerimientos en queso, leche y leche en polvo.
Los Estados Unidos, que es el mayor productor mundial de maíz y de leche, ha visto mermar sus reservas de mantequilla y de otros productos. Lo mismo ocurre con la UE.
La creciente demanda de biocombustibles empuja hacia arriba el precio del maíz y de otros granos, los cuales usan los granjeros de EE.UU., Europa, Canadá y Japón para alimentar sus vacas. Y esta alza en costos de alimentación mete presión en los precios de la leche aún más.
Se calcula que tanto los lecheros del medio oeste estadounidense (Texas, Oklahoma, etc.) como los europeos podrían multiplicar su producción. Pero les tomaría uno o dos años y tendrían que comprar maíz y otros granos para alimentar sus vacas a precios cada vez más altos.