En Panamá, los menores entre 11 y 14 años de edad son blanco de explotación sexual comercial, según estudios del Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá y de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).
La explotación sexual comercial está íntimamente ligada a la drogadicción, a las enfermedades de transmisión sexual, a los embarazos no deseados y a la violencia, revela el estudio.
Señala que las edades promedio de los jóvenes víctimas de este flagelo, considerado una forma moderna de esclavitud, va de los 11 a los 17 años.
En cuanto a las formas como los explotadores ubican a sus víctimas, se determinó que los anuncios publicitarios de periódicos son utilizados como puente para encontrar a los menores, y que las casas de masajes se convierten en una forma abierta de explotación sexual comercial.
Con respecto al perfil de los explotadores se estableció que en general son hombres, panameños, entre los 22 y 29 años.
El ciclo delictivo inicia cuando los "clientes" explotadores ubican a sus víctimas en las calles. Es decir a aquellos menores con una prolongada permanencia en lugares públicos.
También a través de teléfonos celulares, de su casa, de amigos, o vecinos, y por medio de anuncios clasificados de los periódicos.
Las víctimas.
Pero no es cualquier menor el que puede ser objeto de este flagelo, existen una serie de circunstancias que le confieren mayor vulnerabilidad a los menores, tales como la pobreza, la deserción escolar, carencias de trabajos decentes de los padres de esos menores, estructuras económicas, sociales y políticas débiles.
La relación de estos menores con la escuela es débil, pues al menos 2/3 partes de las 100 víctimas entrevistadas en este estudio no tenía acceso a la educación por desmotivación académica.
Estos niños muchas veces son estigmatizados en las escuelas y enfrentan dificultades económicas, enfermedad y embarazo, entre otras.
El común denominador de los menores, presa de este peligroso círculo, es que no viven con su familia. Al menos el 51% de ellos, reside con personas ajenas que conocen su situación de explotación.
Este grave ciclo convirtió al menos al 44.3% de las víctimas en drogodependientes como resultado de la explotación sexual que, según sus propios testimonios, son para enfrentar la violencia que reviste su duro mundo y las secuelas psicológicas que acarrean.
Consecuencias.
Los tres tipos de secuelas que sufren las víctimas son físicas, ya que presentan golpes, enfermedades dermatológicas, de transmisión sexual y mortales como el VIH y SIDA, pues sus cuerpos se deterioran con mayor facilidad.
Efectos psicológicos como desconfianza y desesperanza son emociones que caracterizan a los niños, niñas y adolescentes de este tipo de explotación, indica el informe.
En base a todo el análisis de la Universidad de Panamá y la OIT y de otras consultas se creó el Plan Nacional para la Prevención y Eliminación de la Explotación Sexual Comercial en Niños, Niñas y Adolescentes, presidido por la Comisión Nacional para la Prevención de los Delitos de Explotación Sexual (CONAPREDES).
El proyecto consiste en identificar a las víctimas como parte de la responsabilidad compartida entre las instancias públicas para lograr un cambio cultural orientado a la cero tolerancia hacia este delito.
Las autoridades también buscan fortalecer la legislación nacional, con el fin de orientar acciones para evitar la impunidad de los explotadores sexuales y garantizar la protección de los derechos de los menores de edad, el desarrollo de programas de atención integral, asistencia a las víctimas para superar el daño y los resultados de la victimización sufrida.
Briseida Barrantes, coordinadora Nacional de la OIT/IPEC, calificó el proyecto como oportuno y como una guía en el combate de este degradante delito que se alimenta de la vulnerabilidad.