Washington - James McGregor Burns, uno de los más reconocidos historiadores estadounidenses contemporáneos, ha dedicado su obra a evaluar el liderazgo de distintos presidentes y cómo éstos han afectado el destino de Estados Unidos.
En su más reciente y aplaudida obra sobre el binomio Bill Clinton y Al Gore, sostiene que éstos están dejando un saldo muy distante de lo que fueron sus metas originales, de transformar al país en la tradición de Franklin Delano Roosevelt.
Los siete años de su gobierno prueban lo contrario, señala Burns en su nuevo libro, "Centro Muerto: El liderazgo Clinton-Gore y los Peligros de la Moderación". El título contradice la manera en que el propio Clinton considera la orientación de su gobierno que coloca en el espectro político como "Centro Dinámico".
Pero Burns y su co-autora, la politóloga Georgia J. Sorenson, opinan que Clinton, en vez de impulsar una real "transformación" de la topografía política del país, como se lo había propuesto, se ha limitado a ha adoptar posiciones vagas y vacilantes, especialmente en el ámbito de la política exterior.
Cuando los autores entrevistaron a Clinton al final de la campaña presidencial de 1992, éste les aseguró que sería uno de los líderes "capaces de transformaciones, que moverían al pueblo más allá de los partidos y de los parámetros normales de sus pensamientos, su manera de votar y de sus vidas...."
En sus críticas Burns y Sorenson, no obstante, de identificarse como Demócratas, (Sorenson trabajó en la Casa Blanca de Carter) coinciden con algunos críticos de la bancada republicana del Congreso que citaron como "insultante" el inicial titubeo y subsecuente rechazo de la invitación que le hiciera la presidenta Mireya Moscoso a la ceremonia protocolar del 14 de diciembre para marcar la entrega del Canal a la soberanía panameña.
De hecho, una lectura del análisis que hacen los dos historiadores de la trayectoria política de Clinton, deja entrever con meridiana claridad que éste, de entrada sabía que se iba ausentar del evento para evitar que su presencia en Panamá agite aún más la crítica conservadora al retiro de las bases militares de Panamá, que además podría traerle complicaciones a la campaña de Al Gore para la presidencia en el año 2,000.
Por coincidencia, la edición dominical del New York Times publica una carta de un lector, Nils Petersen de Nueva York, en la que rebate las criticas a Clinton por no asistir a la ceremonia.
"Yo veo su ausencia como un gesto amable," señaló. "Si el Sr. Clinton hubiera ido, su presencia hubiera opacado la del ex presidente Jimmy Carter, quien merecía estar en el candelero".
En tanto Burns, ganador del prestigioso Premio Pulitzer, desde su primeras biografías de Franklin Delano Roosevelt y su "La Historia de la Presidencia de Estados Unidos", hasta esta obra reciente, ha vuelto una y otra vez sobre el tema de liderazgo presidencial, tema al que ha contribuido decisivamente a hacer más polémico y fascinante: En el libro sobre Clinton, Burns y Sorenson encuentran que la política del presidente está plagada de contradicciones, especialmente en el campo de la política internacional.
"Si realmente aspiraba a una presidencia de grandeza, la estrategia que optó fue de manera segura de nunca lograrla," escriben. "Por el contrario, mucho antes de llegar a la presidencia se había optado por un camino centrista que requería el tipo de liderazgo transnacional que él ha ejercido en abundancia, especialmente en política exterior.
"Convertido en un as de la componenda política elevó a esta a un nivel mundial. Pero a su vez rechazó el tipo de liderazgo para impulsar importantes transformaciones que lo hubieran colocado entre los grandes de la historia".
Como presidentes de Estados Unidos que fueron capaces de transformar el cuadro político de su país, los autores citan en primer lugar a Washington, Lincoln, Teodoro Roosevelt, Wilson y Franklin Delano Rooesevelt. En segundo plano colocan a Madison, Jefferson y Harry Truman.
Según Burns y Sorenson el gran éxito de estos presidentes se dio gracias a su "liderazgo transformador" que definen como sigue: "Formular nuevas políticas, la valentía de insistir en reformas y otros cambios, no obstante, la apatía y oposición popular; la convicción de mantener grandes principios sin reparar cuanto tardarían en realizarse; el compromiso con el pueblo de luchar por su bienestar sin reparar en el costo personal.
En breve, lo que se requería para lograr "grandeza" era una vida dedicada a una lucha real, de principios, y sostenida hasta lograr un cambio duradero".
El historiador Arthur M. Schlesigner, Jr., que trabajó en la Casa Blanca como asesor especial del presidente John F. Kennedy, caracterizó "Centro Muerto" como "el mejor libro hasta la fecha sobre la presidencia de Clinton".
No todos son tan severos en sus juicios del presidente, a pesar de los escándalos personales que evidentemente empañaron su presidencia.
Jean Daniel, el distinguido director del semanario parisiense Le Nouvel Observateur, escribió una vez: "Hace unos días le escuché pronunciar un discurso sobre el aislacionismo que no interesó a nadie y que, sin embargo, era de la mayor importancia.
Creo que es la primera vez que un presidente de la superpotencia norteamericana declara con fuerza que el sempiterno debate sobre el intervencionismo y el aislacionismo se ha vuelto completamente arcaico....Este hombre decididamente extraño conoce las cuestiones a fondo....Pero no encarna soluciones con una voluntad férrea".