DIVAGACIÓN. Cuando no se tiene un plan de ruta, no queda otra que confiar en los reflejos, en los instintos y la buena suerte para no perderse. Si alguno de estos elementos falla, se corre el riesgo de tropezar, caer o, peor aún, dar vueltas en círculo.
PROYECTO. A Panamá le está pasando que, a falta de un plan, estamos estancados respecto a la firma del TPC con Estados Unidos. Aun cuando sea Pedro Miguel González la razón aparente del marasmo, la verdad es que si hubiese existido una visión clara del camino, a nadie se le hubiera ocurrido la torpeza de elegirlo presidente de la Asamblea.
COSTO. Ahora que la situación parece inevitable, se tiene que sostener el parapeto. Cueste lo que cueste. Y está costando una pequeña fortuna, al menos para cuidar al diputado presidente, quien se puso a sí mismo, y al país, a depender de los reflejos, los instintos y la buena suerte.