Tiranía.
La posible expulsión de un catedrático universitario de las aulas de la Universidad Nacional, sólo porque se atreve a criticar a las autoridades, a poner en duda sus cacareadas solvencias, retrotrae al país a los tiempos de los presos de conciencia.
Universidad.
Los centros de enseñanza superior, se supone, son sitios para el debate, la discusión, la reconstruccción. La materia prima del conocimiento es, por paradójico que resulte, la duda en torno a lo establecido, lo que se da por sentado.
Libertad.
El país donde esté prohibido pensar y rebatir, donde pretenda imponerse una visión determinada de la cultura y de la vida, se extingue. Ningún sistema dura mucho en esas condiciones. La lista de quienes lo han intentado, y fallaron, es larga.