"No tengo ningún día bueno. A veces estoy un poco mejor, pero nunca estoy bien. La agonía y el sufrimiento son cada día peores". Con estas palabras cargadas de sentimiento y nostalgia, Mayra Orozco cuenta lo que ella denomina "su agonía", luego de ingerir el expectorante sin azúcar que contenía el mortal veneno.
El calvario de Mayra es peor, pues aunque en primera instancia fue declarada afectada por el dietilenglicol, hace 15 días se enteró de que fue descartada y debe esperar la confirmación del Instituto de Medicina Legal (IMEL).
La historia de Mayra es el clamor de varios pacientes que viven en agonía.
"Las autoridades no están en mi pellejo. No saben lo que se siente, porque ni ellos mismos saben cómo es este mal, pero los que estamos sufriendo somos los que sentimos la agonía y el sufrimiento".
Para Mayra, las secuelas del envenenamiento son como un cáncer. " A diario - yo le digo a mi hija: me estoy muriendo lentamente. Yo no sé si me acueste y vaya a amanecer viva".
"Antes yo era activa, trabajadora, no tenía cansancio, no tenía debilidad. Siempre era una mujer con mucha fuerza, ahora no soy la misma, mi vida ha cambiado, ya no tengo las fuerzas para trabajar. Yo me canso y ahora estoy débil y ellos (las autoridades) no saben lo que uno está pasando".
Mayra se pregunta cómo es posible que las autoridades le digan: "Tú sí y tú no".
Para ella, no tienen sentido de humanidad, porque si sintieran el dolor de los afectados "entenderían que estamos agonizando".
"No quieren comprender. Esta situación cada día me deprime más y quisiera aislarme. Quisiera estar sola en un lugar en el que nadie me vea, porque sé que muestro el sufrimiento en mi rostro y yo no quiero que me vean así. Quiero que pase mi dolor. Ellos fueron los que nos envenenaron, no fuimos nosotros los que pedimos este mal", recalcó.
Adolfo Nieto, de 57 años, y residente en La Chorrera, es otro de los afectados por el dietilenglicol, después de ingerir espectorante sin azúcar contaminado.
Adolfo era paciente de diabetes e hipertensión, pero a causa de un resfriado le recetaron el mortal medicamento.
Con un tono de tristeza y desconcierto dijo que "este año ha sido una tragedia. Todo ha cambiado para mí. Ya no tengo tranquilidad, no tengo seguridad de mí mismo y me siento una persona muy diferente".
Adolfo era una persona activa, tenía su negocio y trabajaba de mensajero, pero de un año para acá no hace nada de eso.
Ahora confronta problemas con la vista, el sistema nervioso, dolor en las piernas, tiene ronchas en la espalda y sufre de los riñones.
Actualmente recibe diálisis peritoneal en su casa.
"Cada cuatro horas tengo que estar conectado de las bolsas, por treinta minutos, una a las 6: 00 a.m., a las 11: 00 a.m., a las 3: 00 a.m. y la última a las 7: 00 a.m.".
"Tengo que estar pendiente de las horas, porque si no me las pongo a tiempo me hincho", explicó.
"En estos momentos no soy ni la sombra de lo que era, soy un 90% menos de lo que yo era. Yo era activo en todo, ahora ni solo puedo andar".
"Me siento defraudado porque el Gobierno oculta algo y no quiere hacer nada. No quiere decir nada y todo lo tiene a medias. Queremos justicia que no se haga a medias o nada. Queremos la justicia verdadera".