El excapitán de las extintas Fuerzas de Defensa, Evidelio Quiel, condenado a 20 años por participar en "la masacre de Albrook", el 3 de octubre de 1989, entró ayer en ayuno, sin fecha límite, para denunciar su caso ante la Corte de Derechos Humanos.
Expresó, en una nota circulada a los medios, que desde hacía dos meses estaba enterado de su posible arresto y que "cansado de tanta persecución y de cargar la cruz de otros, no se trasladó de Costa Rica esperando su detención".
Denunció que los verdaderos culpables de la masacre fueron los políticos de la oposición por instigar y motivar a una rebelión interna dentro de las Fuerzas de Defensa y negociar su cuota de poder con los alzados.
También acusó a los norteamericanos por organizar la rebelión contra el general Manuel Noriega y luego abortarla, "traicionando a los rebeldes".