Más de 100 toneladas de desechos recogió la Alcaldía de Panamá a través del operativo de limpieza anual denominado "Operativo de Aseo y Ornato Centenario", que inició el pasado sábado la comuna capitalina conjuntamente con Editora Panamá América S.A. (EPASA).
El operativo, que inició en el corregimiento de Río Abajo con la participación de unos 400 funcionarios municipales, se extenderá durante 17 sábados consecutivos con la finalidad de atender las comunidades más necesitadas del distrito, contribuir con la eliminación de los criaderos del mosquito Aedes aegypti y de otras alimañas.
El alcalde Juan Carlos Navarro, quien personalmente supervisó el operativo, dijo que la actividad busca también elevar la calidad de vida de los habitantes y preservar los niveles de salubridad en la urbe capitalina.
Durante la jornada se efectuaron trabajos de recolección de basura orgánica, desechos, despojos y chatarras, así como labores de ornato y remozamiento de 10 parques del corregimiento de Río Abajo. También se instalaron tanques para depositar basura con capacidades de 55 galones, 2.5 yardas y "roll on roll of", con sus respectivas bases de concreto.
Cabe destacar, que en la primera jornada del "Operativo de Aseo y Ornato Centenario" participaron más de 125 estudiantes del Instituto Arosemena (IJA), quienes distribuyeron bolsas plásticas y material informativo en las residencias, y ofrecieron charlas a la comunidad, a fin de cumplir las 40 horas de trabajo comunitario del programa de voluntariado estudiantil que deben realizar los estudiantes graduandos.
Además del operativo, la administración alcaldicia tiene a disposición del público la línea 800-ASEO (800-2736) con el objetivo de atender quejas, peticiones y sugerencias de la comunidad relacionadas al tema de la basura.
Adicional a ello, se debe considerar que los mayores de 60 años generalmente tienen enfermedades crónicas, por lo que al aumentar este segmento de la población, se crea todo un problema de geriatría y gerontología en la sociedad, lo que no es tan conveniente.
Sobre las causas del descenso paulatino de la fecundidad, Miró citó que ha alcanzado mejores niveles de educación, tiene una mayor participación en la sociedad y los movimientos de género que procuran realzar su autoestima.
En este descenso, igual participación tienen los programas de planificación familiar, en cuyo desarrollo ha jugado un papel importante la Asociación Panameña para la Planificación Familiar (APLAFA) y el Ministerio de Salud, que durante la administración del Dr. José Renán Esquivel, en la década del 70 incorporó estos programas a los servicios públicos de salud.
Naturalmente, si un grupo importante de mujeres controla su fecundidad, tendrá menos hijos de los que tendría si no estuviera cuidándose. Eso contribuye al descenso de la fecundidad, reconoció.
A juicio de Miró, una solución a estos futuros problemas sería procurar que la tasa de fecundidad aumente, pero eso es prácticamente imposible, porque las mujeres no quieren tener en promedio más hijos y no se les puede obligar.
Miró aclaró que, aunque la tasa de fecundidad en Panamá es quizás la más baja de Centroamérica, ese promedio esconde diferencias muy importantes por grupos sociales.
Pese a que en el país no se dispone de datos sobre diferencias de niveles de fecundidad entre mujeres ubicadas en áreas geográficas y de grupos sociales diferentes, "sabemos que las mujeres de barriadas marginales, de áreas rurales y de áreas rurales remotas tienen en promedio 7 hijos", dijo.
A juicio de la demógrafa, los tiempos en que las mujeres tenían 10 y más hijos han pasado, lo que no quiere decir que se puedan encontrar uno u otro caso, pero, no es la tendencia.
Las mujeres de áreas urbanas tienen en promedio tres hijos, mientras que en las áreas rurales y de grupos deprimidos, el promedio es de siete. Para el doctor Alex González Hidalgo, supervisor técnico nacional del Paquete de Atención Integral de Servicios de Salud (PAISS) del Ministerio de Salud (MINSA), si se analizan en detalle los nacimientos vivos en el país, podrá observarse que el mayor número de éstos se concentra en áreas sumamente pobres y probablemente donde hay barreras culturales mucho más grandes.
Además de los aspectos culturales, también intervienen en esta desigualdad los niveles educativos y la religión, pues algunas religiones defienden la tesis de que cada persona debe tener los hijos que Dios le mande y por tanto, no debe utilizarse anticonceptivos ni nada que impida que un niño nazca, porque es una obra divina.
Esto ocurre, sobre todo, en las culturas indígenas donde existe una fuerte convicción de que eso debe ser así, acotó. A su juicio, el problema de gran cantidad de nacimientos en familias pobres es que se afecta el desarrollo de esos niños, ante la imposibilidad de mantenerlos y educarlos a todos, convirtiéndose esto en una cadena de expansión de la pobreza, pues "los hijos de pobres terminan siendo pobres".
Considerando que la educación es una buena técnica para dar respuesta a la realidad de estas familias que viven en extrema pobreza, que se agrava con la alta tasa de nacimiento que caracteriza a estos grupos, el Ministerio de Salud está desarrollando un programa dirigido a educar a la población en los métodos de planificación.
El proyecto, denominado Programa de Transformación Institucional del Sector Salud (PAISS), incluye como uno de sus componentes principales la planificación familiar, a través del que están intentando llegar a lugares donde no hay acceso de salud, como son las distintas comarcas.
En estas áreas, los equipos de salud han encontrado barreras culturales muy difíciles de romper, por lo que ha requerido hacer una labor educativa mucho más ardua, pues el interés no es ir en contra de la "cultura o la religión".
Por ejemplo, es difícil que las indígenas acepten un método de anticoncepción, pues dentro de su patrón cultural, está el tener sus hijos, y para ellas esto no es algo que deben evitar. "Es por ello que al final muchas tienen hasta 12 hijos", consideró.
El informe sobre "Estadísticas Vitales, Año 2001", que edita la Dirección de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, establece que el descenso en la tasa de fecundidad en Panamá se inició desde mediados de la década del 60.
Según este informe, en el 2001 las mujeres en Panamá tenían un promedio de entre 2 y 3 hijos. Agrega que en los últimos 40 años la fecundidad en la República se ha reducido a más de la mitad, pues en la década del 60, el promedio de hijos era de 6 por mujer.
Las cifras analizadas por la Contraloría revelan que el nivel más alto de la fecundidad está en el grupo de 20 a 24, seguido por el de 25 a 29 años. Lo que indica que las mujeres de 20 a 29 años contribuyeron con un poco más de la mitad de los nacimientos anuales del país.
Aunque las tasas de fecundidad en todas las edades, muestran una tendencia al descenso; la distribución porcentual de las mismas señala que las tasas de las edades de 15 a 19 y 30 y 34 años están adquiriendo una mayor importancia, lo que podría tener relación con la creciente participación de la mujer en la fuerza laboral. También se establece que la tasa de fecundidad relativa a los primeros nacimientos sugiere que en el ámbito nacional, 90% de las mujeres en Panamá llegan a ser madres.
Aspectos como el estado civil y los niveles de escolaridad de las mujeres establecen algunas diferencias en la fecundidad. Se observa que las mujeres "unidas" llegan a tener un mayor número de hijos (3), seguidas muy de cerca por las casadas (entre 2 y 3); mientras que el promedio de hijos en las mujeres "solteras" es de 2.
El análisis de la misma información, de acuerdo con el nivel de instrucción de la madre, permite establecer la importancia que tiene la educación en el comportamiento de la fecundidad. A medida que la instrucción aumenta, disminuye el nivel de la fecundidad y viceversa.
En Panamá, se da una diferencia de más de 2 hijos, entre las mujeres sin ninguna educación (4 hijos) y las que alcanza algún año universitario (dos hijos); lo cual se repite en la Ciudad de Panamá, a menores niveles. Sin embargo, a partir del segundo ciclo de secundaria, el nivel de fecundidad presenta un comportamiento similar, sin importar el lugar donde reside la madre.