Maquiavelo decía que las naciones "no tienen amigos, sólo tienen intereses". A través de los años, varios gobiernos en Washington adoptaron esta fórmula para justificar su acercamiento a líderes corruptos como Manuel Antonio Noriega, de Panamá y Alberto Fujimori, de Perú. Al sufrir las consecuencias tuvieron que reconocer el dicho de La Fontaine, "acuéstate con un perro y amanecerás con piojos".
Ahora el Cato Institute, una prestigiosa fundación política de tendencia conservadora, advierte que EU podría tener una experiencia similar si se acerca demasiado al nuevo presidente colombiano Álvaro Uribe, cuyo pasado lo pone en entredicho, así como el historial de algunos de sus asesores, con el sólo fin de hacer causa común en la lucha contra las drogas.
"Durante la década de 1980, funcionarios estadounidenses dispararon elogios al dictador panameño Manuel Noriega por su supuesta ayuda en la guerra contra las drogas", dice un nuevo informe del instituto.
"Una década después, Washington hizo lo mismo con el presidente autoritario del Perú, Alberto Fujimori. Los líderes de Estados Unidos han estado tan obsesionados con llevar adelante la guerra contra las drogas de que repetidamente cooperaron con políticos que en otros aspectos consideraban como forajidos".
"Es inquietante como el gobierno del presidente [George W,] Bush se apresta a seguir el mismo camino con el nuevo presidente colombiano, Alvaro Uribe," dice el informe.
"Funcionarios estadounidenses son efusivos en sus elogios a Uribe, aunque tengan dudas sobre algunos de su entorno. Considerando los errores que Washington ha cometido, una mayor cautela sería aconsejable", agrega.
Destaca cómo altos funcionarios de la DEA festejaban a Noriega, "a pesar de que a través de los "80 éste sistemáticamente socavaba el gobierno democrático, manipulando elecciones y asegurando la victoria de civiles que él podía manejar mientras controlaba el poder como jefe de la Guardia Nacional".
El documento es escrito por Ted Galen Carpenter, vicepresidente del Departamento de Defensa y Política Exterior del prestigioso instituto, titulado "Compañeros de cama deshonrosos: los aliados de Washington en la lucha contra las drogas". En él, Galen Carpenter dice que desde el gobierno de Richard Nixon, Estados Unidos inició la lucha contra las drogas.
"Estados Unidos en "su desesperado esfuerzo por frenar el tráfico de drogas, ha terminado colaborando con regímenes que de otra manera hubiese tratado como parias".
Asimismo el informe pone como ejemplo la ayuda financiera que se le dio al régimen talibán en Afganistán en mayo del 2001, por haber prohibido los cultivos de amapola en el país. Además de mencionar la estrecha relación que se mantuvo con Noriega en los "80, para luego terminar invadiendo al país y arrestándolo por narcotráfico. Recuerda también la relación que se tejió en este campo con el presidente peruano Alberto Fujimori, con la junta militar en Myanmar y con la Cuba de Fidel Castro, "a pesar de los embargos económicos que mantenía contra ambos países".
Al mencionar a Uribe dice: "Antes que aceptar que la política prohibicionista es inútil, EU ha comprometido valores estadounidenses muy importantes y ayudado a fortalecer gobiernos represivos y corruptos. Irónicamente la mayoría de estos regímenes no han sido siquiera sinceros en cuanto a sus actividades antidrogas.
Usualmente, de hecho, han estado involucrados profundamente en el tráfico de drogas.
Sin entrar en detalles, Galen Carpenter afirma que "hay signos muy preocupantes que podrían indicar que Uribe pertenece al mismo molde" que los otros indeseables socios. "Unos de ellos -dice el analista- es el apoyo que le brindaron a su campaña los paramilitares, considerados terroristas por el Departamento de Estado". Menciona a su vez que uno de sus más cercanos colaboradores ha sido acusado de narcotráfico.
Según Galen Carpenter es probable que Uribe sea un hombre sincero y honorable que está equivocado en su estrategia antidrogas y que probablemente las dudas terminen siendo sólo "nubarrones efímeros". Pero remata diciendo que, también, es posible que Washington esté "reclutando a otro desagradable en la lucha contra las drogas".