Segunda entrega
Cuando David Murcia Guzmán desistió de comprar el proyecto de viviendas de interés social en Capira, en marzo de 2008, salieron a relucir una serie de irregularidades que desataron una crisis en varias instituciones del Estado.
La Promotora Inmobiliaria Shadi’s International, propietaria del proyecto, logró construir, a través de la constructora Caribeña Tropical, 12 casas de un total de 220 sin contar con todos los permisos exigidos por la ley.
¿Cómo lo hizo? El alcalde de Capira, Iván Saurí, afirmó a Panamá Américaque el gerente de Shadi’s, Dimitri Flores, logró avanzar en la obra usando influencias políticas como asesor jurídico de la Asamblea Nacional de Diputados.
“Desde que comenzó esta barriada, empezó mal, con muchas mentiras e incongruencias, no cumplía con los requisitos, no sacaron los permisos como era debido. Había un promotor, Dimitri Flores, que usó influencias porque trabajaba en la Asamblea, pedía favores y uno como sabe que es un Órgano del Estado, bueno le daba chance...”, dijo Saurí. (Ver entrevista)
Sin embargo, la Secretaría General de la Asamblea informó al diario que Flores dejó de laborar en esa institución desde hace algún tiempo, aunque de la oficina del diputado perredista coclesano, Juan Manuel Peralta, reconocieron que éste mantiene actualmente una relación cercana con el político.
El subsecretario general de la Asamblea, José Ismael Herrera, contestó una solicitud formal por escrito del diario, argumentando que no tenía a mano los registros laborales de Flores, quien ha representado internacionalmente a este Órgano, en calidad de asesor.
Murcia trató de comprar el proyecto Praderas de Lídice a Shadi’s bajo un esquema financiero que a juicio de fuentes de la Unidad de Análisis Financiero (UAF), resulta “sospechoso”, porque se podría utilizar para lavar dinero.
El esquema consistía en la compra de materiales de construcción en Colombia a DMG Construcciones y a través de Comercializadora Virtual (Internet) en Panamá, lo que le garantizaba un flujo constante de dinero entre ambos países.
Parte de las viviendas serían pagadas por clientes de DMG mediante las tarjetas pre-pago para la compra de terrenos que vendió Murcia en Colombia y Panamá por un total de B/ 2 millones.
El producto de las ventas volvería al principio de la cadena: las cuentas bancarias de DMG Construcciones, una empresa que según las pesquisas en Colombia y Panamá recibió fondos de Cambios y Capitales. La Lista Clinton de EE.UU. identifica a Cambios como lavadora de dinero del presunto narcotraficante, Juan Carlos Ramírez, alias “Chupeta”.
La debacle. Shadi’s arrastraba problemas financieros y con la comunidad desde mediados de 2007, que se agudizaron cuando Murcia desistió de comprar el proyecto.
Shadi’s giró cheques sin fondos a comercios locales y a sus obreros, mantenía una deuda de B/ 20 mil con el Seguro Social y los vecinos del proyecto denunciaron que fueron afectados por el mal movimiento de tierras que hizo la constructora.
A raíz de estos problemas, Dimitri Flores fue citado varias veces por la Corregiduría de Lídice, pero no acudió.
Estas anomalías hicieron aflorar irregularidades administrativas subyacentes en el proyecto. El alcalde Saurí inició un intercambio de notas el 11 de octubre de 2007 con los ministerios de Vivienda, Obras Públicas, Salud, ANAM, SINAPROC y Shadi’s, para que “cada cual asuma la responsabilidad que le corresponde”.
El 5 de octubre de 2007, el MIVI le pidió explicaciones a Saurí de cómo Shadi’s obtuvo un permiso de construcción en el Municipio, si la Dirección Nacional de Ventanilla Única solo le había aprobado un plano en la etapa de anteproyecto, con el cual no podía construir.
El 16 de octubre de 2007, el Municipio de Capira le contestó al MIVI que Shadi’s a la fecha no había tramitado ningún permiso de construcción y que en sus archivos únicamente reposaba el anteproyecto de plano de lotificación aprobado por Ventanilla Única.
En medio de estos problemas, surgió el interés de Murcia por Shadi’s. Uno de los abogados de DMG, Manuel Armijo Villarreal, tramitó la compra en reuniones en Colombia y Panamá.
Pero las negociaciones fracasaron a finales de marzo de 2008. En abril de ese mismo año, Shadi’s desapareció; sus oficinas en Albrook fueron cerradas y su sede principal en Clayton desalojada.
Sus clientes entraron en cólera. Dos educadoras que pagaron casi la totalidad de las viviendas (B/ 17,500 y B/ 27,000, respectivamente), presentaron denuncias por presunta estafa. Otros que habían abonado siguieron el mismo camino.
La falta de respuesta de Shadi’s y de las autoridades propició que un grupo de obreros, a quienes se les debía salarios, clientes del proyecto y moradores del área invadieran las casas.
La invasión terminó en un desalojo por parte de la Corregiduría de Lídice y la Policía Nacional.
¡Mi terreno! Shadi’s no era el verdadero dueño del terreno. Cuando se produjo la invasión, surge en escena Inmobiliaria Nazareno, que autorizó a Shadi’s, mediante un contrato de agosto de 2005, a construir el proyecto y a pagar la propiedad de 10 hectáreas a medida que vendía las casas.
Pago que no se produjo, según el presidente Ad-hoc de Nazareno, Materno Wong, quien aseguró sentirse “estafado”. Wong tuvo que enfrentar las deudas y los reclamos contra Shadi’s.
Wong afirmó que “nunca” tuvo contacto con Murcia ni conocía quiénes estaban realmente detrás de Shadi’s. Hoy, la barriada hace honor a la calle en donde está ubicada: “Los duendes”. Nadie ha vuelto a saber de Shadi’s, de Flores ni de Murcia.