EN BUEN panameño, los muchachos hoy día le están jugando "la pacheca" a las unidades de tránsito. Por un lado se informa de las regatas y por el otro, los corredores se mudan a probar suerte tras el volante en un nuevo sitio.
Así lo dio a conocer a Panamá América, Arturo González, director de Operaciones de Tránsito de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT).
Es difícil, reconoció, porque la metodología ideal, en vista que las regatas se han convertido en el entretenimiento predilecto de los jóvenes, sobre todo, "los que tienen plata", tendría que ser colocarle un policía de tránsito a cada uno. Misión imposible, claro está.
Justamente ese es el caso de Calle 50, la Avenida Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), Vía España, entre otras, que se convierten en pistas para correr en momentos en que la noche es la mejor cómplice.
Lo que se deduce es que no hay amor por la vida. "A la juventud no le interesa vivir", dijo González, al tiempo que explicó que aún se investigan las causas del accidente registrado la madrugada del pasado sábado en la Calle 50, cuando murieron los cuatro ocupantes del vehículo Renault Clio negro placa 018057.
El funcionario mencionó además que se adelantan los estudios para verificar si se había ingerido alcohol, así como otros detalles inherentes al accidente.
Se trata de crear conciencia. "No hay la capacidad para que haya tanta vigilancia nocturna, se requiere un cambio de actitud".
Los accidentes de tránsito son la segunda causa de muerte en Panamá. Sólo en la década pasada hubo unas 75,000 víctimas, entre muertos y heridos, mientras que por homicidios fueron 3,511 y por suicidios 1,574.
El año pasado Heidi Soto Morales experimentó en carne propia el producto de una regata fatal. Ella, sin tener que ver nada en el asunto, estuvo a punto de perder la vida.
Los responsables: Kenyi Tatsuro Odai y Jack Gazal, conductores de dos autos modificados que decidieron enfrentarse aquella noche en una carrera que comenzó en la Calzada de Amador y terminó precisamente en la Calle 50, a la altura del Restaurante Tamburelli. Gazal no vivió para contarlo y de Tatsuro Odai no se ha vuelto a escuchar.
Heidi fue sorprendida por uno de los carros que voló y cayó encima del suyo. Sobrevivió milagrosamente.
Esta vez fue más grave. Ninguno de los cuatro jóvenes que murieron la madrugada del pasado sábado tenía más de 25 años. Se investiga todavía si en efecto iban en regata, pero lo cierto es que el exceso de velocidad jugó un papel fundamental en el accidente.
"La forma en que quedó el auto prueba que hubo exceso de velocidad", confirmó Arturo González, de Operaciones del Tránsito.
Gabriel Tomás Leira, 20 años; Idelfonso José Arias, 21; Agustín Gilberto García Barba, 18 y Aqueny Ng Taborda, 24, son los nombres de las víctimas de otra fatal historia en la Calle 50.