Nación

Relaciones entre Panamá y EU entran en nueva fase


Washington.- A tres meses de que Estados Unidos entregue el Canal a Panamá las relaciones entre ambos países entran en una nueva fase que algunos estiman se estrechen los lazos, pero que otros ven con preocupación.
Mucho dependerá de si la nueva presidenta, Mireya Moscoso, logre rescatar la "asociación estratégica" que prevaleció durante los 85 años desde la construcción de la vía interoceánica.
Esta quedó sepultada por los desacuerdos y malentendidos que marcaron los últimos años del gobierno del presidente Ernesto Pérez Balladares, según altos funcionarios a cargo de las relaciones de Washington con Latinoamérica.
Con el colapso de las negociaciones para el Centro Multilateral Antidrogas (CMA) en septiembre del año pasado las relaciones quedaron poco menos que congeladas.
Los primeros pasos hacia una descongelación se dieron durante la toma de posesión de Moscoso cuando ésta conversó con Janet Reno, la secretaria de Justicia de Estados Unidos, y Kenneth "Buddy" MacKay, el enviado especial para Latinoamérica del presidente Bill Clinton.
El canciller José Miguel Alemán, le dio un nuevo impulso mediante una breve visita a Washington donde se reunió con altos funcionarios a cargo de las relaciones interamericanas que juzgaron la atmósfera en que se realizaron los encuentros como "cordial y constructiva".
Estos contactos preliminares evidentemente generaron "una atmósfera favorable", en las palabras de un funcionario del departamento de Estado, para un planteamiento más a fondo de cómo el gobierno de Moscoso considera que se deben desarrollar las relaciones durante su mandato.
En ese contexto es probable que los representantes del gobierno de Clinton saquen a relucir temas demasiado delicados para ventilar en público, como una eventual gestión para permitir aviones de Estados Unidos usar pistas panameñas en la lucha regional antidrogas; planes de contingencia en el caso de que peligre la seguridad de la frontera con el Darién que permitirían rastreos aéreos y navales por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y el álgido problema de la limpieza de los polígonos de tiro de los explosivos sin detonar y de elementos tóxicos que pueden yacer bajó tierra desde la Primera Guerra Mundial que terminó en 1918.
Es cierto que funcionarios del departamento de Estado preferirían no tocar estos temas, pero es probable de que en la Casa Blanca los asesores de política doméstica sientan demasiadas presiones del liderazgo Republicano del Congreso para dejarlos a un lado.
"Nosotros tenemos plena fe en la buena disposición de la presidenta Moscoso de entrar en una relación más constructiva con Estados Unidos," declaró un portavoz del Senador Jesse Helms, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta.
"Ella recibirá un cálido recibimiento de nosotros durante su visita a Washington a mediados de octubre", continuó. "La esperamos con los brazos abiertos. Ningún jefe de Estado será mejor recibido".
No obstante, un reciente informe preparado por los asesores de ambos comités de relaciones exteriores del Congreso tras una breve visita a la república ístmica advierte que a pesar de la inminente salida de las últimas tropas de Estados Unidos a fin de año, "Panamá no ha logrado poner en función una política capaz de atajar las significativas amenazas que se ciernen sobre el Istmo y el Canal...."
En realidad, ambos gobiernos aún no están en posición de tomar pasos decisivos en temas tan sensibles y controvertidos como la seguridad nacional y la cooperación bilateral en la lucha contra el narcotráfico:
Al gobierno de Moscoso evidentemente le faltan algunos meses para preparar su agenda de política exterior. Por ejemplo, en el caso concreto de los polígonos, la presidenta decidió que debe hacerse una licitación para realizar un rápido escrutinio técnico de la situación real de los polígonos para determinar hasta que punto es cierto el alegato de la Comisión. En tanto el gobierno de Clinton se apresta a dar su más decidido apoyo a la candidatura del vicepresidente Al Gore por lo que todo lo que sale de la Casa Blanca en estos días tiene puesto un ojo a la campaña política; si promete ayudarle a salir electo, bien, si de alguna manera perjudicar en su el pan.
Por eso es imposible a estas alturas prever dónde irán las relaciones con Panamá a esta altura, especialmente con un Congreso hostil que culpa a Clinton más que a Ricardo Alberto Arias por haber perdido la oportunidad de negociar el CMA con el gobierno panameño.
Lo que es un hecho indiscutible es que el deterioro que experimentaron los lazos con el gobierno de Pérez Balladares durante la última mitad de su mandato fue mayor de lo que se pudo anticipar en su momento y por lo que ambos gobiernos deberán asumir un grado de responsabilidad.
Por ejemplo, el general Barry McCaffrey, el zar antidrogas del gobierno de Clinton insiste en que Pérez Balladares "quebró su palabra" al renunciar al CMA, pero en el Congreso prestigiosas figuras como el congresista Benjamin Gilman, presidente del comité de Relaciones Internacionales de la Cámara culpa al Pentágono y al departamento de Estado por no haber sido más flexible en las negociaciones.
Gilman y su homólogo en el Senado, el Senador Helms, consideran que Washington falló al no ofrecer concesiones económicas en cambio de mantener una presencia militar reducida, tal como lo había sugerido el excanciller Gabriel Lewis Galindo.
Un estudio del prestigioso Atlantic Council of the United States, una asociación no gubernamental formada en su mayoría por diplomáticos en retiro, señaló recientemente: "Panamá y Estados Unidos tienen una importante inversión en mantener una relación positiva y conspicuo después de 1999. Mucho del comercio que pasa por el Canal está destinado a puertos de Estados Unidos. Más aún, a medida de que incremente el comercio, el Canal asumirá cada vez un papel mayor en relacionar a los mercados clave de Estados Unidos con Asia, Europa y las Américas...
"Mucho de lo que constituye la "relación especial" entre Estados Unidos y Panamá dejara de existir después de 1999. Lo más notable es que las fuerzas armadas de Estados Unidos estarán ausentes por primera vez en 158 años (desde la construcción del ferrocarril transístmico) y la vieja Comisión del Canal dejara de existir".
En gran medida el deterioro que experimentaron las relaciones durante los últimos años de Pérez Balladares fueron inevitables. Como lo señalaron tanto el excanciller Ricardo Alberto Arias, como el último embajador del anterior régimen, Eloy Alfaro, la "relación estratégica" en realidad fue una relación "asimétrica", con menores beneficios para Panamá de los que obtenía Washington.
El canciller Alemán también reconoció este problema en una conversación con periodistas al término de su reciente visita a Washington, cuando lamentó el discurso "mono temático" del departamento de Estado con su énfasis en los temas de seguridad y el narcotráfico.
"Me parece por mi experiencia con el gobierno de Endara que cada vez que el gobierno de Estados Unidos nos afronta es sobre "law enforcement issues"", comentó. "Parecería que nuestras relaciones están en una sola vía, mono temática mientras nosotros quisiéramos que fuera una vía un poco más amplia, especialmente porque la presidenta está muy comprometida en el tema de llevar desarrollo económico a los sectores más marginados del país".
Lo lamentable sería que ahora, por una variedad de razones, algunas circunstanciales como es la campana electoral que se avecina aquí en el año 2000, Panamá desaparezca del mapa de países relevantes para la política exterior de Estados Unidos, acostumbrada como esta para solo prestar atención donde se enfrenta a una crisis, cuando se trata de relaciones con Latinoamérica.
David C. Acheson, el presidente del Atlantic Council, estuvo muy acertado cuando advirtió: "Cuando Estados Unidos complete la transferencia de las instalaciones y del Canal a Panamá al finalizar este año, la tentación será muy grande de colocar a Panamá al margen de su política exterior".
Esto es, en esencia, lo que viene ocurriendo no desde este año sino desde que Panamá dejó de presentar un problema para Washington como lo fue con el régimen del general Manuel Antonio Noriega.
No debe ser necesario que un país entre en peligro de disolución, como amenaza la situación interna de Colombia, para que Estados Unidos preste atención a lo que está ocurriendo en otras partes del continente americano.
Pero mientras la plana mayor de los que formulan la política exterior continúan apegados a la idea que Europa y Asia son los epicentros de su interés es difícil de que la política hemisférica logre más que una atención esporádica en los mejores tiempos y sobresaltos e improvisaciones cuando la situación deteriore y una vez más tome de sorpresa a los "policymakers".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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