¿Quién dice que no tenemos vocación para el sacerdocio? Es una pregunta que lanza al ruedo la religiosa Margarita Moreno, quien fue por muchos años una fiel colaboradora de monseñor Marcos Gregorio Mcgrath.
Sus planteamientos los basa en que si una mujer tiene vocación para ser religiosa, la tiene también para ser sacerdote.
No obstante, indicó que, "tal como existe y ha existido en la tradición de la Iglesia, el sacerdocio está hecho a la medida de los varones y es un molde cortado sólo para ellos".
La hermana Margarita Moreno, quien hoy realiza su trabajo pastoral en el estado de California, Estados Unidos, tuvo una gran participación dentro de la Iglesia Católica panameña.
Una mujer sencilla, con voz amigable y unas veces maternal, sus facciones son de una mujer fuerte del campo. Su acento un poco marcado por su experiencia con los inmigrantes mexicanos en el estado de California. Estuvo de visita en Panamá para tomarse un descanso o como bien dijo "unas vacaciones" y así ver a las personas que en la distancia nunca olvida, como nunca olvidará a su pintoresco pueblo natal: Parita.
Sus logros van desde ser una de las primeras religiosas en ocupar altos cargos dentro de la Arquidiócesis, preparar la primera misa televisada, hasta ser la que organizó por 25 años consecutivos la Cita Eucarística, una de las actividades más importantes de la grey católica.
Dijo sentirse muy capaz de ejercer el ministerio sacerdotal, no obstante, sentenció que no aceptaría tal asignación porque habría que cambiar toda la estructura de la iglesia y darle al ministerio sacerdotal una dimensión mucho más amplia donde no exista distinción de sexo.
Resaltó que si las mujeres entran en ese molde diseñado sólo para los hombres, se estaría cometiendo un grave error. Al estar en desventaja y darse un fracaso como resultado del mismo sistema, se achacaría ese fracaso al hecho de ser mujeres, dijo.
A sus aproximadamente 50 años, la hermana Margarita mantiene su espíritu joven, como si estuviera en los primeros años de su labor misionera, camino que emprendió a los 18 años de edad.
Su vida religiosa inició en los albores de los años 40 cuando ser religiosa se circunscribía a realizar obras educativas o de enfermería. Es en su pueblo natal de Parita, provincia de Herrera, que conoce a la Congregación de las Hermanas Misioneras Catequistas de la Medalla Milagrosa, cuyo trabajo pastoral se centraba en llevar el mensaje de Dios, no sólo dentro de la Iglesia, sino en las calles.
Para ella la vocación es fundamental. "Si no se está convencido de que es un asunto de vocación, la vida religiosa no tendría sentido", sentenció. Así la describió como una mezcla de alegrías, sorpresas y nuevas ilusiones, y, al mismo tiempo exigente.
Exigente en los estudios y en la renuncia a todo lo ordinario, en especial a la aspiración de toda mujer de formar un hogar, algo que a muchos les asusta, pero que ella ha podido llenar ayudando a los demás.
En 1971 es llamada por monseñor Mcgrath para ser asistente del director del Departamento de Catequesis de la Arquidiócesis. Posteriormente, lo dirige siendo el Departamento de Formación de Cristianos, con lo que se convierte en la primera mujer en ocupar un alto cargo dentro de la Iglesia Católica.
El hecho de ser mujer y estar dentro de un sistema ideado para los hombres fue difícil. Recuerda que para ese entonces, los sacerdotes no estaban acostumbrados a ver mujeres trabajando en un liderazgo dentro de la iglesia. "Para ellos una religiosa sólo debía encargarse de trabajos más domésticos", sentenció. Por eso, al aparecer ella con vasta formación religiosa y participando activamente en actividades propias del clero, hizo que surgieran los celos.
"Me preguntaban si quería ser obispa o que me ordenaran sacerdote, era algo que me hacía sentir incómoda. Pero yo estaba clara, porque sabía que tal como estaba hecho ese sacramento era para los hombres, y para que las mujeres tuviéramos un lugar, tendría que surgir un nuevo sacerdocio", dijo.
Afortunadamente, señaló, ese rechazo no se hizo más manifiesto por respeto a monseñor Mcgrath, quien era un defensor de darle una mayor participación a la mujer dentro de la Iglesia Católica.
La hermana reconoció que la participación activa de ella y de otras hermanas como Jennifer Mc Donald e Inés González, entre otras, contribuyó a que se abriera la puerta y que hoy en día la mujer tenga una posición dentro de la Iglesia, más allá de lo puramente doméstico.
Aprendió de monseñor Mcgrath a amar a la Iglesia tanto en sus momentos de gloria (Cita Eucarística, la visita del Papa, Congreso Eucarístico Bolivariano) como en los de dolor (la desaparición de Héctor Gallego, el régimen militar y su persecución abierta contra la Iglesia).
Su labor en Panamá culminó cuando en 1994 pide su traslado. Un traslado, que según indicó, solicitó porque sentía que era el momento de hacer un cambio. Así ingresó a una congregación en Estados Unidos, que es la fundadora de la congregación en Panamá.
Hoy trabaja en la Parroquia Catedral de San Bernardino, en el estado de California, donde día a día forma e instruye a catequistas, ministros, y anima a los laicos, que en su mayoría son inmigrantes mexicanos e incluso indocumentados.
En ese sentido, dijo que para ella ha sido un reto dejar su país, pero se identifica mucho con los indocumentados porque son personas que añoran estar en sus tierras.
En cuanto a los escándalos que se han suscitado con los sacerdotes, en especial en Estados Unidos, manifestó que los sacerdotes y religiosas han realizado una labor sincera, pero hay que reconocer el hecho de que ser sacerdote "no te cambia tu ser natural de criatura humana, sujeta a debilidades".
Alegó que el problema ha sido aumentado porque los casos que se han registrado se dieron hace 20 ó 30 años, con lo que consideró que se ha utilizado políticamente para ir en contra de la Iglesia. Destacó que esa ventaja la quieren sacar aquéllos que están dentro del negocio del morbo y que ven en la Iglesia una fuerza moral.
Se mostró en desacuerdo con quienes creen que la solución a ese problema es dejar que los sacerdotes se casen porque, según dijo, el hecho de que un gran porcentaje de matrimonios sea infiel echa por tierra esa teoría, con lo que se estaría empeorando la situación.
Antes de despedirse quiso dejarle un mensaje a los laicos panameños: "Tienen que tomar más conciencia en que cada uno forma parte de la Iglesia y asumir un papel protagónico dentro de ella. Este es el momento nuestro de aportar y apoyar a la Iglesia", sentenció.