Su oficio es poco común y apreciado por los ciudadanos, debido a lo descolorido que resulta el muelle, invadido por inquietos gallinazos y nauseabundos olores que impregnan la Bahía de Panamá, cuando asciende la marea.
La historia del panguero es como la de cualquier otro, llena de adversidades y proezas aun por descubrir.
Córdoba es originario de la provincia de Darién; allí se desempeñó como talador y luego quedó impedido de su pierna derecha, el 14 de febrero de 1983, tras la caída de un enorme árbol, optando después, por radicarse en la ciudad de Panamá.
A sus 39 años que tiene de residir aquí, no todo ha resultado color de rosa, porque la vida se ha agudizado en los últimos años. Está contra la espada y la pared. La mala condición de nuestra economía ha alcanzado su propio lugar de trabajo; ahora gana poco para satisfacer las necesidades de sus seres queridos.
"Mi persona y muchos más, que nos dedicamos a este oficio, estamos pensando que nos van a quitar de aquí por lo del Corredor Sur. Si la situación está dura, será para que nos muramos de hambre a mis 54 años, entonces, ¿quién nos dará trabajo a esta edad?", pregunta el panguero, con voz inquisitiva.
La marea sube en fracciones de segundos y Córdoba debe agarrarse de la erosionada rampa que se moja de agua salada. La panga, que se ha mantenido inestable en el coloquio, de momento se mueve y éste debe soltarse y remar para establecer la comunicación, mientras a la orilla llega toda clase de desechos.
A estas alturas, el sol puñetea en intensidad y el rostro del viejo marinero se desfigura en el entrecejo empezando a transpirar, con un sudor lento y prolongado, como si estuviese preocupado.
Él nos dice: "Este año, en específico, hemos llorado sangre porque esto lo vemos pésimo. Si no cambia la economía del país, se va a poner más difícil la situación.
El Muelle Fiscal fue creado en 1935, bajo la administración del presidente Harmodio Arias.
Su principal función es el traslado de mercaderías de Darién y del resto de las islas del Golfo de Panamá.