Hoy culmina el programa conjunto que realizan Panamá y Estados Unidos en Rambala, distrito de Chiriquí Grande, Bocas del Toro.
Vacunaciones, vitaminas, atención odontológica, vendajes especiales, antibióticos, toma de muestras de sangre y Papanicolau.
Y por si fuera poco, atención veterinaria, un proyecto carretero y escuelas habilitadas con materiales de primera calidad.
Todo a disposición de una población de niños con el vientre abultado, hombres agobiados por no tener semillas para sembrar y mujeres con el rostro pálido por la precaria alimentación.
Ayer formaban filas para ser atendidos en el programa médico que incluye Nuevos Horizontes.
Que a alguien le sacaran esa muela que no lo deja dormir por el dolor, es una maravilla.
Lo es también que un hijo tenga acceso a una pócima que puede obrar de forma mágica, sacando los "bichos" o lombrices de su barriga.
Panamá América pudo ver rostros esperanzados y escuchar historias de largas horas de camino para recibir atención médica.
Contrario a la timidez que se espera, muchas indígenas dispuestas para la conversación, expresaron que todo es muy lindo, pero ellos necesitan que siempre los atiendan así.
Teresa Morales tuvo que caminar tres horas con sus hijos pequeños para llegar a la Escuela Cilico Creek, donde se realizaba la jornada médica.
Plátano, guineo, arroz y alimentos a base de maíz es lo que comen. "Todos los días lo mismo, y eso cuando hay. Más na, dice con naturalidad.
En un aula un asistente de salud insistía en la necesidad de tomar los medicamentos para combatir el parásito de la malaria, de observar medidas de higiene para evitar la parasitosis, y cepillarse los dientes, aunque sea con sal.
Por el campamento base de Rambala han pasado unos 1, 200 estadounidenses, la mayoría reservistas.
Cada grupo permanecía dos semanas y era relevado. En cada período hay unos 350 hombres y mujeres que hacen trabajos diversos.
Ayer le daban los toques finales a una escuela.
Algunas veces han tenido que trabajar más de 12 horas diarias para poder cumplir su misión en el periodo planificado.
Muchos afirman que regresan tan exhaustos al campamento, que sienten que los catres y tiendas de campaña forman parte de un hotel 5 estrellas.
El comandante Thomas Jones, quien jefatura el grupo, manifiesta que la atención del personal es una prioridad.
¡Y vaya que lo es! Sólo un filtro para el agua tiene un valor de 15 mil dólares. El propio comandante se sorprende por el costo.
En las proximidades del campamento se han instalado algunos buhoneros. Pero en unos días, ellos y los estadounidenses comenzarán a desmantelar sus improvisadas tiendas.
Médicos, ingenieros, maestros, abogados, carpinteros, intérpretes y militares, forman el cuerpo de ayuda estadounidense.
Policías, enfermeras, asistentes de salud, cocineras y personal destinado a la lavandería, forman la contraparte panameña.
Las lluvias han complicado algunos trabajos.