Doña Rosario, conocida cariñosamente como “Mami Arias”, nos recibió en su residencia ubicada en Punta Paitilla; mostró su complacencia por vivir frente al mar por el que siente especial predilección. De estatura pequeñita, vestida de forma impecable y elegante, de ademanes suaves y voz firme, conserva un brillo peculiar en su mirada; se trata de una mujer que nació en el seno de una de las familias históricas de Panamá: hija de Don Harmodio Arias Madrid y de Doña Rosario Guardia de Arias, la familia marcó una época y un legado a la nación: en efecto, Don Harmodio Arias fue jurista, político y periodista. Presidente de Panamá (1932-1936), su gestión administrativa plena de realizaciones dejó huellas imperecederas al fundar la Universidad de Panamá en 1935 y el diario El Panamá América, en 1925. En 1968 la Editora Panamá América S.A. publicaba los diarios El Panamá América
The Panama American, Crítica y Expreso. Además era propietaria de la radio Red Panamericana. Las noticias de la época relatan que el régimen militar se apropió de estos bienes y los empleó para fortalecer su poderío, coartando así la libertad de expresión de todo un pueblo.
En los diarios manejados por la Editora Renovación S.A. (ERSA) se publicaron informaciones contrarias a los principios que inspiraron a sus legítimos dueños.
Luego del golpe militar del 11 de octubre de 1968, Rosario Arias de Galindo se dedicó, en compañía de su hermano Gilberto, a combatir sin tregua el régimen militar. A partir de la fecha nada logró detener su defensa por la libertad de expresión y los derechos ciudadanos; acudió a todos los foros tanto nacionales como internacionales para denunciar la ruptura de la democracia y la confiscación de los periódicos: los medios empleados por la familia Arias fueron desde publicaciones clandestinas, manifestaciones callejeras, huelgas, denuncias ante los gremios y ante comités del Congreso de los Estados Unidos.
Según indica Doña Rosario, el 26 de diciembre de 1989, los legítimos propietarios de Editora Panamá América S.A. ocuparon de hecho sus instalaciones y, después de 21 años de “silencio combativo” volvieron a publicar El Panamá América y Crítica, a la que se le agregó el calificativo de Libre. “Nunca sospeché que quedaría involucrada en la dirección del diario, advierte; mis estudios realizados en Chile, Francia y Bruselas no tuvieron relación directa con el mundo empresarial periodístico.” Mi vida transcurría normalmente como una mujer dedicada a la familia. Su sentido de solidaridad la condujo a trabajar como voluntaria por espacio de 14 años en diversas instituciones sociales.
La muerte de su padre ocurrida en 1962 y las leyes que estipulaban que el periódico no podía permanecer sin representación legal por más de 24 horas, fueron los factores que provocaron que Doña Rosario asumiera la Presidencia de la Junta Directiva del periódico. Según indica, sus hermanos sí estaban muy ligados al periodismo.
La labor periodística de El Panamá América prosiguió hasta que el golpe militar de 1968 provocó la toma de la empresa. Según explica Doña Rosario: los militares asumieron el control y finalmente le quitaron el nombre porque el público dejó de comprarlo. Agrega Doña Rosario “ Tal vez por instinto comprendí que tenía que mantener vivo el periódico. Y así fue que participé siempre en múltiples foros para que mi presencia recordara que el diario estaba vivo. En años anteriores había participado en compañía de mi padre en las reuniones de la Sociedad Interamericana de Prensa”.
Una de sus mayores satisfacciones es haber mantenido a El Panamá América con los principios con que siempre la educaron: libertad, independencia de criterio, equilibrio, amor a la verdad. Se han conseguido esas metas explica, porque el periódico goza de gran credibilidad.
Por las tardes, Doña Rosario se dedica a la familia; se muestra complacida por haber logrado formar una gran familia; tiene tres hijos: Gabriel, Carmen y María del Rosario; 8 nietos y 9 bisnietos.
Su trayectoria ciudadana y dedicación a los ideales democráticos le han hecho merecedora de distinciones nacionales e internacionales: la Condecoración de la Orden Manuel Amador Guerrero en grado de Gran Oficial; Doctor of Humane Letters Honoris Causa, Nova Southern University; Condecoración de la Orden Vasco Núñez de Balboa; Premio Ricardo F. Chiari de la Cámara de Comercio; Condecoración Bernardo O´ Higgins en el grado de Gran Oficial, Chile.
Confiesa que lo que más le ha atraído del diario es la sección editorial.
“Ya no me ocupo de los detalles”, advierte; sonríe al explicar que los directivos de la empresa decidieron nombrarla presidenta vitalicia. Participa así en las reuniones de la Junta Directiva y en la sección editorial. Indica que “en la redacción me solicitan que siga asistiendo. Me ha dado una gran satisfacción esta decisión. Sin embargo, ya las responsabilidades son menores. Llegó la hora del relevo”, declara. Al respecto recuerda las grandes inversiones efectuadas en la década del 90 para modernizar todo el equipo e infraestructura de la empresa. Sin embargo, su desilusión fue grande al llegar a la democracia y luchar mediante dos leyes para volver a recuperar en derecho la propiedad del medio de comunicación. Las leyes fueron vetadas por el Presidente Guillermo Endara y aprobadas por insistencia en la Asamblea Legislativa. Confiesa su deleite por la lectura, sobre todo temas históricos y biográficos; ahora hay más tiempo para disfrutar de la música, los viajes, las reuniones con las amistades.
Soy una persona con bastante experiencia. Nunca pensé que llegaría a acumular tantos conocimientos. Destacó su reconocimiento por los periodistas, quienes tienen el don especial de escudriñar las actuaciones de la sociedad.
Siempre le ha interesado la política internacional y el destino de la humanidad. Recuerda que creció en un ambiente familiar donde las conversaciones giraban en torno a un mundo donde se hablaba de política; era una conversación de hombres, advierte. Ella fue la única mujer, rodeada de sus hermanos Gilberto, Harmodio, Roberto y Antonio Manuel.
Y el periódico se convirtió así en una escuela que le permitió ampliar sus horizontes; escuchar las diferentes opiniones, interesarse siempre por las causas de los demás.
Para Jorge Illueca, ex presidente de la República y quien fungió como director de El Panamá América en dos períodos, Doña Rosario es una panameña raizal. Más que por su linaje de próceres, brilla con la luz propia de sus virtudes ciudadanas. Ha sido ejemplo de hija, esposa, madre, amiga y ciudadana, conjugando el temple acerado de su carácter con su sentido del humor y con la gracia de su feminidad. En esencia, su vida es transparente, con la transparencia de un cristal de patria. Las reflexiones del ex contralor Rubén Darío Carles sintetizan la trayectoria de Doña Rosario: “Además de la estrecha amistad que por mucho tiempo he mantenido con Doña Rosario, debo destacar su devoción por la democracia y su invariable espíritu de lucha por preservar la libertad de expresión en Panamá”. En los días aciagos de la dictadura Doña Rosario no descansó un minuto. Tanto en Panamá como en el exterior participó en múltiples actividades contra la dictadura. En las salas de conferencia de gremios y organismos internacionales, en las manifestaciones públicas, en calles y plazas, su dinamismo y su firmeza de convicciones estuvieron siempre presentes. Recordemos que las mujeres fueron factor determinante en el espíritu civilista y UNIDAD, entidad en la que militaba Doña Rosario, siempre estuvo en la vanguardia.
Otra faceta de su personalidad es comentada por Querube de Carles, quien la definió como una pequeña gran mujer. “Nunca la he escuchado quejarse... ni aun al enfrentarse al dolor o la adversidad. Pero sí la he oído protestar ante toda injusticia”.
Por su parte, el veterano periodista Cristobal Sarmiento, ex director de El Panamá América, recordó los momentos difíciles en los que les cerraron el periódico. “Reconozco que en los momentos más difíciles Doña Rosario siempre se empeñó porque ninguno de sus empleados pasara trabajo; cada vez que había una situación difícil ella hacía lo indecible para satisfacer las necesidades de sus trabajadores”. Doña Rosario expresó un proyecto siempre pendiente en su agenda; el presente y futuro de la niñez. Al respecto recordó el papel que ha jugado El Panamá América al publicar una cantidad significativa de suplementos y materiales de lectura dirigidos al sector educativo. Se mantiene así invicto el ideario de su padre, el gran visionario de Panamá. “ Me preocupa que la educación de la niñez sólo se mire desde una óptica de sus derechos y se olvida de fortalecer los deberes; la niñez requiere que se cree una conciencia mayor por su futuro”.
“En realidad todos venimos al mundo con una misión social que cumplir. Siempre hay mucho que hacer; no importa la pobreza, ni la enfermedad: todos pueden ser ejemplos de generosidad, de desprendimiento, de solidaridad. Tenemos la obligación de influir en los demás. El mundo sería distinto si cada quien comparte con los demás lo que la vida le ha brindado”.