Nación

Rumba en medio de lo religioso


Hace un par de años, en una mezcla de curiosidad juvenil y deseos de ejercitarme, decidí caminar hacia Portobelo, tenía que saber por cuenta propia lo que vivían los peregrinos que año tras año veía pasar.
Luego de seis horas de camino, de Sabanitas hasta el pueblo del Cristo Negro, llegué. A la entrada la fila era larga, los policías revisaban a los hombres y las agentes a las damas.
En la plaza las personas parecían hormigas, las había por doquier. Divisé la iglesia, pero de inmediato volteé para ver de dónde provenía una estridente canción de ritmo caribeño. Era una discoteca que competía en atención con el recinto sagrado. La imagen me pareció dantesca, el cielo y el infierno al alcance de la mano.
Antes esto no sucedía, nos comentó el padre Rafael Siu, de la Parroquia del Perpetuo Socorro, su progenitor, devoto del santo, "iba, realizaba su oración, participaba de la procesión y regresaba a casa".
Ahora los líderes religiosos panameños pelean por la separación de lo divino y lo profano, que convergen en el mismo tiempo y lugar gracias al afán de los municipios y alcaldías de recoger fondos.

En Panamá, se calcula que entre el 80 y el 85% de la población profesa la fe católica y producto de la influencia española de los colonizadores se celebran fiestas durante todo el año para honrar a los patronos (santos y santas) de cada región. Sin embargo, en los últimos años la idea inicial de reunir a los devotos para que rindieran tributo a los santos y se congregaran una vez al año para distraerse de su duro trabajo, se ha tergiversado.
Todo aquello está ahora mezclado con una especie de parranda popular, al punto que cuando se habla de una celebración sonada, bulliciosa y extensa se le denomina "patronal".
El padre Rafael Siu manifestó que en muchos de nuestros pueblos se lleva la fiesta religiosa a un nivel popular, llegan muchas personas. El nivel de alcohol y violencia sube, "es una lucha, pero no se le puede quitar a la comunidad eso de un día para otro, pero pedimos que respeten lo religioso y el valor sagrado de lo que allí se vive", añadió.
El sociólogo Gilberto Toro señala que el alcohol es un elemento importante en la cultura nacional y se presenta en todos los eventos de la vida del panameño. "Se le encuentra cuando nacemos, en los bautizos, en los cumpleaños, en las graduaciones, en el matrimonio, en el divorcio, en el velorio, en los reinados de todo tipo clase, colores, sexo y tamaño, en las fiestas patronales y nacionales".

En La Chorrera, desde 1975, monseñor José Luis Andrade emprendió una cruzada para separar las fiestas patronales de las populares, pero no fue sino hasta 1983, cuando se puso el punto final a la lucha. Ya los dueños de bares y cantinas le habían dicho: "Padre, sabemos que al final no vamos a ganar, pero mientras tanto, vamos a combatir".
Monseñor no prestó atención al asunto, hasta que durante la procesión de su patrono San Francisco de Paula, un grupo de facinerosos alcoholizados intentó agredirlo. Los devotos lo defendieron y gracias a Dios no hubo sucesos que lamentar. Desde aquel entonces nunca más hubo controversia y se acordó que las fiestas de calle y las patronales se celebren en fechas diferentes, así es en todo Panamá Oeste.
En el 2002, el alcalde de Santiago de Veraguas, Plinio Donoso fue demandado por un grupo de comerciantes del lugar porque emitió un decreto que regulaba la venta de alcohol y las actividades de esparcimiento hasta después de terminadas las fiestas del santo patrono Santiago El Mayor. Ellos estaban furiosos porque "el negocio mermó", pero el obispo de la Diócesis de Veraguas, Oscar Mario Brown aplaudió la medida.

 

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159943
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América