Preocupados por el incremento del negocio de donantes de sangre, que llegan hasta cobrar 75 balboas por pinta, el Ministerio de Salud (MINSA) inició una campaña para promocionar la donación voluntaria.
Según estadísticas del Banco de Sangre del Hospital Santo Tomás, la donación se maneja entre las personas de clase media y baja, pues las personas universitarias, profesionales, los de clase media alta y los adinerados se han declarado indiferentes con el sistema de donación.
Para el doctor Heriberto Espino, jefe del Banco de Sangre del Santo Tomás, esta situación provoca que las personas pobres, al percatarse que pueden obtener algo vendiendo la sangre, acuden al hospital a preguntar cuánto pagan por cada pinta.
Asimismo, dijo que este negocio se da en los propios hospitales, donde las personas esperan a los familiares de pacientes que necesitan la sangre para ser ellos los donantes, pero a cambio de una lucrativa remuneración.
"Si tiene tanta importancia por qué la voy a regalar, dicen las personas que vienen", comentó el galeno.
"Por eso estamos haciendo el programa de concienciación para que las personas donen de forma voluntaria", agregó.
Dijo que la donación voluntaria requerida para que el banco de sangre preste un buen servicio es del 10% de lo que actualmente ingresa, es decir, que está por debajo de uno.
El doctor aseguró haber escuchado que cada grupo de sangre tiene un precio.
Explicó que la sangre O+ es la más común y su costo es de 30 balboas aproximadamente, sin embargo, por la A y B aumenta el valor y por la AB se incrementa aún más, hasta llegar a costos aproximados a los 75 balboas por pinta.
Actualmente sólo el uno por ciento de las donaciones son voluntarias, lo que abre una brecha para las probabilidades de contagios con sangre contaminada, explicó.
Por ahora, dijo, el banco de sangre no enfrenta grandes problemas, sin embargo, lo que preocupa es que no se trata de donaciones, porque las personas se han convertido en profesionales que cobran por el servicio.
Aclaró que el MINSA no costea el pago de la sangre, pero que en ocasiones se aprovechan de las familias que la requieren para un enfermo y cobran por donar.
Una persona donante puede hacerlo cada dos o tres meses al año, lo que ha permitido que se convierta casi en un negociado.