El reloj marcaba un poco más de las dos de la tarde, y Diana dormía. De pronto los gritos desesperados de sus hijos Yiniva y Armando Rangel y de su sobrina Vianka Morales la hicieron despertarse abruptamente. Las llamas consumían el viejo inmueble 32 de la Loma de Paco Achurra, en calle novena de Pueblo Nuevo.
Estaba confundida, pero inmediatamente evaluó la situación y se percató del peligro en que se encontraba, ya que las viejas láminas de madera "machimbrá" crujían por el avance incontrolable de las llamas que encontraron en las tablas y el ardiente sol de la tarde el pasto ideal para devorar enseres y hasta la vida de los inquilinos.
Cuando Diana, aun confundida se da cuenta de la tragedia, piensa inmediatamente en cómo sacar a sus hijos, pero también a su madre Tomasa Morales y a su hermano Ricardo McKindo, ambos en silla de ruedas.
En la confusión y la desesperación, los inquilinos tratan de ayudar a Diana para rescatar a sus seres queridos y logran salvar a Ricardo, pero no queda tiempo y doña Tomasa, de 63 años, es devorada por las llamas. Su cuerpo calcinado fue encontrado por los bomberos tras apaciguar el fuego.
Aun conociendo del inminente peligro de muerte, doña Tomasa, en sus últimos momentos, pensó en sus nietos y en medio del desconcierto total, le gritaba a su hija que salvara primero a los pequeños de 12 y 10 años.
La señora Tomasa se encontraba en uno de los cuartos de la planta alta, pero aún enferma llegó hasta el piso de abajo. Sin embargo, quizás cansada y afectada por el humo y el calor, se dio por vencida a escasos metros de la puerta de salida.
Afortunadamente Ricardo sí fue rescatado por los inquilinos y posteriormente fue atendido por los paramédicos del Cuerpo de Bomberos, quienes lo trasladaron a un centro médico.
Aproximadamente a las cuatro de la tarde ya no quedaba nada y sólo salía humo. Diana reveló que el culpable de la tragedia es nada menos que su propio padre Fernando McKindo, quien el día anterior en medio de una de las tantas discusiones que ya eran frecuentes, advirtió que para el día siguiente les tenía una "sorpresa".
Era la crónica de un incendio anunciado, porque el piromaniaco, un consumidor de drogas, buscó la hora más caliente del día para prender la vieja caserona, sin importarle con la vida de sus hijos, nietos, esposa y vecinos.
Tras conocerse de su responsabilidad, el viejo McKindo tuvo que ser protegido por la Policía Nacional, porque los inquilinos y vecinos del área lo querían linchar.
Diana, angustiada por la trágica muerte de su madre, recordó con impotencia que su padre había quemado la parte trasera de la casa a mediados del 2003 y la corregiduría tenía conocimiento de este hecho. Se quejó de que las autoridades no tomaron las medidas para evitar que su progenitor concretara sus amenazas.
El corregidor de Río Abajo, Omar Ahumada, admite que había un problema, pero se había fijado una fianza de paz y buena conducta entre las partes, y el acusado estuvo detenido por breve tiempo.
Como consecuencia del siniestro quedaron sin hogar 17 adultos y menores que en total integran 7 familias. El mayor Humberto Cruz, del Cuerpo de Bomberos de Panamá, dijo que la alarma se recibió a las 2:44 p.m. y lograron controlar el incendio en un tiempo aproximado de 30 minutos.
En una de las primeras acciones, el alcalde Juan Carlos Navarro dispuso suministrar la alimentación necesaria para todos los damnificados durante los próximos cuatro días, así como reponerle parte de los enseres más importantes que perdieron.
Hoy, en horas de la mañana, personal y equipo de la Dirección Metropolitana de Aseo Urbano y Domiciliario (DIMAUD) procederá a remover los escombros para que el ministerio de Vivienda levante las barracas para alojar a los afectados.