HOY TERMINAN los cuatro días de carnaval en donde el jolgorio, alcohol y muerte fueron los detonantes característicos.
Las personas empiezan a llegar a la ciudad con tristeza, ya que mañana al mediodía tienen que reintegrarse a sus puestos, especialmente los empleados públicos, ya que los de la empresa privada se reintegrarán el jueves.
Pero ahora que llegan tristes y sin dinero será peor la situación.
Durante las fiestas se repetía una y otra vez la misma escena: tanto en la ciudad como en el interior las personas tenían su botella debajo del brazo y los accidentes vehiculares estuvieron a la orden del día.
No obstante, cada capitalino buscó la forma de disfrutar. Empeñaron la televisión o el equipo de sonido, el asunto era llegar a un lugar a disfrutar de la fiesta que sólo se realiza una vez al año.
Esta situación benefició las casas de empeño que hicieron negocio. Los jóvenes empeñaban hasta los amplificadores de los autos.
Otros que se salvaron fueron los negocios del interior, que casi todo un año pasan una crítica situación y justo en esta fiesta y el verano reciben un respiro.
Lo cierto es que los panameños buscaron recursos o ahorraron hasta B/. 500.00 para gastárselos en cuatro días.
Mientras hay quienes optaron por disfrutar del sol y la brisa en la playa, o en donde la paz y tranquilidad imperara.
Otros decidieron quedarse en la ciudad porque no les gusta el carnaval, o porque la situación no está para malgastar el dinero.
En cambio un sector mínimo decidió recorrer los almacenes de los centros comerciales que abrieron sus puertas para realizar compras con la tranquilidad y paz que se necesita para esos menesteres.
Los días de carnaval no fueron malos para los buhoneros que se apoderaron de las principales avenidas de la ciudad a ofrecer, gorras, pistolas de agua, pañoletas, lentes oscuros, sombreros de paja, entre otros objetos para estas fiestas.
En cambio los jóvenes de la Pastoral Juvenil decidieron compartir estos cuatro días con el máximo creador: Dios, en un retiro espiritual en donde no sólo disfrutaron de la Palabra, sino de la naturaleza que ofrece el Valle de Antón, mientras que en Panamá en la Parroquia Divina Misericordia otro grupo realizó una convivencia donde cantaban y oraban al Señor.
Todo esto como preámbulo a la cuaresma que inicia este miércoles de ceniza.
Durante la fiesta nada fue color de rosas, hubo menores de edad que compraron licor en compañía de otros que apenas han cumplido 18 años, es decir, los niños aprovecharon para jugar a ser adultos.
El panorama es más triste para aquellas familias que perdieron un ser querido durante las festividades, unos víctimas de accidentes de tránsito o en riñas callejeras que se propiciaron por el alto consumo de alcohol.
Las autoridades continuarán implementando las medidas de seguridad establecidas a lo largo del país para evitar que el retorno a la ciudad capital genere víctimas lamentables.
Se acabó el jolgorio
Pese a los resultados del 2005, muchos desde ya se preparan para disfrutar el carnaval 2006.