(Última de tres entregas)
Las posibilidades de continuar la carretera Panamericana por Darién son cada vez menores, aún cuando el Gobierno panameño haya tomado nota de la solicitud hecha por Colombia.
La negativa de Panamá para hacer la vía que una la frontera entre ambos países, no significa que en lo sucesivo esta posibilidad no vuelva a ser contemplada.
En algún momento, "se tiene que permitir que se unan las dos américas", considera el general retirado Rubén Darío Paredes.
No obstante, asegura que este no es el mejor momento para tomar una decisión de tanta trascendencia.
Es que Colombia lleva ya cuatro décadas sumergida en una disputa armada iniciada cuando las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia (FARC) se levantaron política y militarmente contra las políticas del Gobierno colombiano.
Hoy, las FARC son sólo un actor de la compleja trama que representa el conflicto armado colombiano que involucra también al Ejército, paramilitares y hasta delincuentes comunes.
Para Paredes, la carretera por el tapón darienita facilitaría de alguna forma que esta pugna se trasladara a territorio panameño, trayendo situaciones desagradables.
Aún así, el general retirado considera a Panamá un territorio invadido, pero asegura que la carretera le permitiría a irregulares, delincuentes e inmigrantes colombianos desplazarse con mayor facilidad.
"Si destaponamos el Darién, después no lloremos con las manos en la cabeza", advierte.
Según Gustavo Pérez, director de la Policía Nacional, la extensión de la violencia a territorio panameño no es el único problema.
"Hay millones de suramericanos que quieren ir a Estados Unidos", afirma y asegura que de construirse la carretera el "problema de los indocumentados se haría mucho más preocupante".
A juicio de Pérez, "el tapón no debe abrirse ni con carreteras ni con trochas", pues la amenaza sería mayor en cuanto al tráfico de drogas.
El jefe de la Policía espera que "por mucho tiempo no se abra el tapón hasta que la situación en Suramérica esté mejor".
Sostiene que si el tapón del Darién se abre los costos de operación de las entidades de seguridad panameñas aumentarían considerablemente.
Rubén Darío Paredes está de acuerdo con el encargado del orden público. Para él, no se ha definido un sistema de seguridad efectivo que proteja la frontera en caso de construirse la vía.
La reciente exhibición militar de la Policía en los desfiles patrios hizo temer sobre la militarización de la institución.
Paredes considera que para la Policía Fronteriza, la militarización es una opción y asegura que de hecho se está haciendo. Al respecto, agrega que "los ojos de la ciudadanía" deben conocerlo.
Lo cierto es que de abrirse el tapón darienita, la estrategia usada por el Gobierno necesitaría de una inversión económica.
Anteriormente se ha calificado el tema de la seguridad en la frontera colombo-panameña como un obstáculo para el avance de proyectos.
Es que el conflicto armado en Colombia con un incierto desenlace y una duración de 40 años ha dejado sin sabores en otros países que limitan con Colombia, es decir Perú, Brasil, Ecuador y Venezuela.
El presidente colombiano Álvaro Uribe solicitó declarar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como un grupo terrorista, a lo que sólo Panamá accedió.
A pesar de los testimonios de panameños residentes en Darién que admiten que la organización guerrillera ha pisado territorio panameño desde hace unos 20 años, el peligro no viene sólo de esta parte del conflicto.
El año pasado a Panamá ingresaron grupos paramilitares y asesinaron a cuatro indígenas.
Esta segunda amenaza sigue latente al operar los "paras" en zonas próximas a Panamá. Tal es el caso del bloque "Elmer Cárdenas", cuyos 3,000 combatientes operan en el área fronteriza con Panamá.
Las bandas de delincuentes comunes también amenaza la paz en la región.
Quienes huyen de los grupos armados también ingresan a territorio panameño, pero contrario a la opinión de muchos panameños, Panamá no es el primer destino que considera un desplazado.
Según el grupo Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), quienes huyen de masacres y amenazas ingresan masivamente a Ecuador.
CODHES estima que únicamente en el 2001 a ese país ingresaron unos 9,000 colombianos, mientras a Panamá llegaron sólo 427 en ese período.
La integración de colombianos a comunidades darienitas motivó al gobierno panameño a regular su estatus migratorio.
Panamá considera a quienes emigran en estas condiciones como refugiados, según el derecho internacional, sino desplazados y les otorga un documento que los acredita como "necesitados de protección humanitaria".
Pero el recrudecimiento de la violencia en Colombia y el consecuente éxodo hacia Panamá, en algunos casos como paso a Estados Unidos podrían echar por tierra esta medida.
Seguridad: un gran reto
El conflicto colombiano y su compleja trama son un asunto a tomar en cuenta por el Gobierno panameño antes de tomar la decisión de abrir el tapón del Darién.