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Sepa qué hacer en caso de violencia doméstica


Para nadie es sorpresa que gran parte de los crímenes que se dan en nuestro país son de tipo pasional. Y es que ya sea por celos, presunción de infidelidad o porque francamente hubo un adulterio comprobado, lo cierto es que la violencia doméstica está llevando luto y dolor a muchos hogares panameños. Por ello, es importante que usted sepa qué hacer, de darse el caso.
  • Si la discusión se convierte en una pelea, debe moverse a un cuarto que tenga acceso a la salida. No debe ir a un baño o a la cocina o a ningún otro cuarto en donde haya armas.

  • Si hay armas, piense en cómo sacarlas del hogar.

  • Debe identificar qué puerta, ventana, escalera o elevador le ofrece la salida más rápida y practicarla.

  • Tenga un maletín con ropa, medicinas importantes, un juego extra de llaves, algo de dinero y algunos documentos, listo para usarse en caso de emergencia y ocultarlo en un lugar cerca de la salida escogida.

  • Debe tener a mano los números de teléfono de la Policía Nacional (104), y de familiares o amigos que la puedan socorrer.

  • Si tiene vecinos que conocen del abuso, debe pedirles que si escuchan gritos, golpes u otros sonidos violentos, llamen a la Policía.

  • Si tiene niños, debe enseñarles el número de la Policía y establecer una palabra clave inventada que usted pueda decir cuando necesite ayuda.

  • Decida de antemano a dónde ir si necesita salir de la casa, aún si piensa que la violencia no es tan seria en el momento. Recuerde que ésta aumenta en frecuencia y severidad.

  • Si la situación se torna peligrosa y el agresor le exige que le dé algo o que ceda ante una situación específica, déselo.

  • Recuerde que la meta es proteger su vida.

  • Repase estas recomendaciones a menudo. Usted puede personalizar su plan.

  • Si después de irse, el agresor le pide hablar con usted a solas, evítelo. Recuerde que los abusadores tratan de controlar la vida de sus víctimas.


Lo que le tocó vivir de niña la predispone a aceptar tratos abusivos, aseguró la especialista. "Si a una niña no se le trata con respeto y amabilidad, no va a sentir que merece ser respetada".
Hay otros factores que también influyen en que una mujer sea más susceptible que otras a los abusos, como lo es el tener un padre alcohólico y sufrir el abandono de éste del hogar; igualmente, los episodios traumáticos como el abuso sexual.
Barb deja bien claro que no siempre en el noviazgo se muestra el "yo" real, lo que debe poner a las mujeres en alerta a la hora de dar el paso hacia la conformación de un hogar.
Desde el inicio de una relación se pueden identificar los visos de violencia en la pareja. El hombre violento tiene un comportamiento machista y falto de equidad hacia la mujer. Es el resultado de una cultura patriarcal.
Por lo general, dice la psicóloga, descalifican a las mujeres y las ven como objetos sexuales.
Son hombres que se sienten superiores, son de los que dicen "hombre es hombre" para justificar su conducta de infidelidad y libertinaje.
Se trata de personas que exigen privilegios y que creen que los roles del hombre y de la mujer son fijos. Es decir, que la mujer es para atender al marido, cuidar los hijos, atender la casa.
Ellos deben ser atendidos, pueden salir sin ser cuestionados, son los que toman las decisiones importantes. Se olvidan de que la equidad forma parte de las parejas sanas y funcionales.
Durante el noviazgo, cuando se identifican algunos de estos elementos, lo mejor es dejar a la pareja.
Según la experta, para prevenir la violencia intrafamiliar es importante que se incluyan a los adolescentes en programas que les hagan ser conscientes de su conducta, de su responsabilidad, de sus formas de respuesta y de los signos prematuros que auguran violencia doméstica de pareja, así como proporcionarles habilidades de comunicación y de manejo de conflictos.
Es aconsejable que desde los primeros estallidos de violencia, la pareja busque ayuda profesional porque no se pueden minimizar estos acontecimientos, debido a que la violencia lleva un ciclo que posteriormente es peor.
Hay un principio elemental que los psicólogos tienen presente: "si la violencia es aprendida se puede desaprender". A través de habilidades para comunicarse y resolver problemas, es posible controlarla.
Los actos de violencia repetidos pueden llevar a la mujer a padecer de estrés post traumático, un síndrome que la perseguirá por toda la vida.
La experiencia de Barb es que la violencia doméstica produce un trauma tan severo, que es comparable al que sufren los sobrevivientes de campos de concentración o prisioneros de guerra.
La mujer que sufre de violencia vive descalificada, humillada en un ambiente totalitario de cautiverio emocional. Los constantes ataques emocionales y físicos van mermando su fuerza interior, pierde la libertad, la iniciativa y hasta los más básicos derechos inherentes al ser humano. Al final de cuentas, ella es agredida por la persona que se supone debe ser su apoyo.
El ciclo de la violencia tiene tres fases:
LA EXPLOSIÓN: Es cuando se da el estallido de violencia con insultos, gritos y golpes.
LA LUNA DE MIEL: Momentos en que el agresor pide perdón, se arrepiente, complace y promete.
ACUMULACIÓN DE TENSIÓN: En esta fase empieza a crecer la frustración, que lleva nuevamente a la etapa de explosión.


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191141
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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