El mayor orgullo de una madre es que sus hijos sean personas de bien, que contribuyan a la sociedad", así lo indicó la señora Leila Cáceres, residente en la barriada San José, en David, quien sin importar los sacrificios ha dado la vida por su familia.
Desde 1992, la señora Leila vende manzanas, uvas, roscas de navidad y espigas de arroz, en la avenida Cuarta de la ciudad de David, durante las fiestas de fin de año.
Esta labor la complementa con la agricultura; ya que se dedica, junto a su hermano Felipe Cáceres, a la pesca y al cultivo de arroz y guandú (frijol de palo) en una isla del Golfo de Chiriquí.
Aunque las ventas en los primeros días no han sido muy buenas, se siente optimista de que en las próximas semanas de diciembre mejore la actividad económica.
Mujer ejemplar.
Con mucho esfuerzo y sacrificio, Cáceres ha podido brindarles una formación a sus seis hijos -cuatro mujeres y dos varones- de los cuales se siente muy orgullosa.
"Siempre les he inculcado desde pequeños que deben trabajar y ganarse la vida honradamente. Tienen que luchar por el pan con el sudor de la frente", dijo.
El ejemplo de trabajo, no sólo se lo ha inculcado a sus hijos sino a sus nietos, que también se sienten identificados con la formación que les brinda su abuela.
De hecho Jackeline, de 13 años, Yanelys de 11 años y Narciso de 8 años; le acompañan en el puesto de frutas ubicado en la avenida Cuarta.
"Para las vacaciones también se van conmigo para el campo a cultivar la tierra", dijo.
Recalcó que la educación y la unidad de la familia es muy importante para enfrentar cualquier adversidad de la vida. Esta enseñanza se la transmitieron sus padres; a ella y a sus seis hermanos.
Alegó que los padres deben orientar a sus hijos para que estudien; y en los ratos libres hay que ocuparlos en actividades que sean productivas.