Cuando un santeño tiene una caja de fósforos en los bolsillos mejor es llamar a los bomberos. Esto dice la leyenda. Pero la leyenda negra -o roja- de los santeños ¿se inspira en hechos reales?
Para algunos la tendencia a la quema de tierras por parte de los campesinos santeños es tan fuerte que se ha llegado a considerar a este grupo como "piromaniacos". Sin embargo, a juicio del ambientalista Amable Gutiérrez, estos señalamientos no se ajustan a la realidad.
Según él, la práctica de la quema y tala que se le achaca específicamente al santeño no es tan cierta, porque si lo hacen es, en todo caso, por desconocimiento. "Esta no es la única región en que se realizan incendios, ya que en Chiriquí se desatan grandes incendios en la estación seca y en Coclé también", expresó.
Gutiérrez dijo que hay campesinos que queman por desconocer el daño a la ecología, al medio ambiente y a la economía rural, y más bien lo hacen por bajar los costos de manejo en las fincas.
Indicó que existen personas en comunidades de Macaracas como Tonosí, que están capacitados para realizar controles de incendios que se registran en áreas protegidas o de pastizales, lo que anteriormente no se observaba.
El campesino realiza la quema porque, según él, en primer lugar, elimina una gran cantidad de insectos que se pueden constituir en una amenaza para el ganado, como por ejemplo, cierto tipo de moscas que habitan en los matorrales.
También aseguran que, al quemar el monte o el potrero, se ahorran dinero, porque ya no tendrían que utilizar mano de obra o peones en la eliminación de malezas o retoños.
Otro aspecto en que se basa para quemar, consiste en que al quemar, la ceniza y el carbón se convierten en nutrientes para la tierra y nace una nueva hierba que es mucho mejor para la alimentación de los animales como el ganado. Sin embargo, quedan áreas como Tonosí, parte de Macaracas y Canajagua, que aún persisten en realizar esta vieja práctica. La cordillera del Canajagua es un " peladero". Colinas donde apenas brotan arbustos son una muestra de la devastación de la tala indiscriminada.
Se han obtenido interesantes logros, según una técnica de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), quien no quiso aportar su nombre, pero que desarrolla proyectos de concienciación y educación con los campesinos de Cerro Hoya, región que tuvo que ser declarada Parque Nacional para poder conservarlo, debido a que grandes cantidades de hectáreas fueron destruidas por la tala y quema.
Los funcionarios de la ANAM también destacaron que en los últimos años se puede apreciar notablemente como gran parte de los habitantes de la provincia santeña se han concienciado sobre la importancia de la conservación del suelo y el recurso hídrico. Ahora se registran menos quemas indiscriminadas y hasta se preparan para enfrentar las mismas.
Destacaron que existen sectores donde las personas saben que quemar significa arruinar los potreros y que los pastos crecen mucho más rápido y también han entendido, que quemando eliminan una serie de pastizales y que posteriormente tendrán que invertir en su siembra.
El campesino Bredio Velásquez, quien hace algunos años se dedicaba a la tala y quema para extender su ganadería y agricultura sin ningún respeto a la naturaleza y sin deseo de escuchar ningún consejo porque según él, lo que estaba haciendo era lo correcto, es ahora el mejor ejemplo de conservación en aquella región, que aún se encuentra en conflicto.
Velázquez ha implementado en sus extensas fincas la agroforestación, que implica la asociación de siembra de árboles maderables y frutales con raíces y tubérculos. Comprendió que entre los espacios puede sembrar yuca, ñame, plátanos, guineos y maíz, mientras los árboles se encuentran a cierta altura.
También ahora el mantenimiento de su ganado es mejor, porque ha aprendido que ciertos arbustos y árboles le sirven de alimento y sombra lo que le ayuda a que sus animales no pierdan tantas energías por el caliente sol.
Mientras tanto, en esta misma área, pero por la región de El Cortezo de Tonosí, hay campesinos que como Ariosto Broce y otro grupo de personas, aseguran que la precipitación lluviosa no tiene nada que ver con la tala de los árboles, porque siempre ha llovido.
Sostiene que se han talado muchos árboles y sigue lloviendo, afirmando que esta es una teoría que se les quiere hacer ver, indicando que seguirán con su práctica como siempre lo han hecho.
A pesar de estas afirmaciones, es fácil visualizar a lo largo de la carretera hacia Tonosí una gran cantidad de hectáreas de tierras humeantes producto de la quema, que asimismo va acabando con el poco bosque que se encuentra en el área. Se puede apreciar cómo gran parte de la reserva forestal "La Tronosa" está prácticamente socavada por el fuego y la tala.
Durante las consultas de El Panamá América no faltó quienes saltaran al paso a las presunciones de que la quema obedece a un cierto placer o que se trata de "piromaniacos".
Euribiades Chang, oriundo de esta región e ingeniero agrónomo, sostuvo que es inaceptable "el término piromaniacos puesto que estas personas son aquéllas que sienten atracción por el fuego y ese no es el caso de los santeños".
"El santeño tala para producir". Y es que, a su juicio, la responsabilidad de las malas prácticas en cuanto a quema se refiere, es de las propias autoridades que no han sabido inducir a los campesinos y tenedores de tierra en general a sistemas integrados de producción de alimento.
Es prioridad, consideró, incluir la parte maderable en la producción, para lo que se deben buscar nuevas opciones porque "no se puede llegar donde una persona que toda su vida ha sembrado, por ejemplo, yuca y decirle simplemente que debe reforestar y dejar de hacer lo que ha hecho siempre".
De una u otra forma, lo cierto es que fue coincidente la afirmación de que "se trata de estigmas y no de realidades porque sobre todas las cosas a los santeños nos gusta trabajar".
¿Son piromaníacos los santeños?
La leyenda negra dice que una caja de fósforos en el bolsillo de un santeño puede ser el principio de la quema.