No luchaba por el valor económico de la tierra sino que era su forma de ganarse la vida, su lugar de trabajo, porque desde los 5 años en la comunidad de La Soledad, en la provincia de Veraguas, aprendió a descubrir los secretos de la tierra.
“Hoy Dios ha hecho justicia y se ha titulado a mi nombre después de tantas luchas con todos los gobiernos que se oponían a darme el título hasta que ahora con la ley nueva, si usted es dueño del derecho posesorio de menos de 5 hectáreas, tiene el derecho a que sea titulada, con la ley de la ANATI (Autoridad Nacional de Administración de Tierras)”.
Segura amante del fútbol y de la cocina los domingos, piensa dedicarse a la compra y venta de tierra, poner un negocio en el área o venderlo y labrar la carrera de uno de sus hijos, un destacado futbolista de 9 años, del que pronto se escuchará su nombre. Tiene el tiempo y el dinero suficiente.
Llegó su tiempo de cosechar lo que tanta con angustia sembró.