La mejor manera como los gobiernos de América Latina y el Caribe pueden mitigar el impacto de las perturbaciones económicas en la población es ayudando a los hogares a invertir en educación y salud, a fin de evitar la erosión del capital humano en tiempos de crisis, concluyó el Banco Mundial (BM) en su estudio "Hacia la seguridad económica en la era de la globalización" ( Securing Our Future in a Global Economy) presentado en Washington.
El estudio, divulgado por un Boletín Informativo de la Embajada de los Estados Unidos en Panamá, señala que aunque el gasto social en la región, incluidos los programas dirigidos a los sectores más pobres de la población, se ha incrementado en forma dramática desde los años ochenta, los gobiernos se han inclinado por aumentarlo en los períodos de auge y a reducirlo en los de contracción.
De hecho, justo cuando el apoyo gubernamental a educación y salud es más necesario que nunca para la población más pobre, es cuando enfrenta sus recortes más severos. Pero durante los períodos de auge, cuando los ingresos aumentan con la misma rapidez entre los pobres y las clases media y alta, el aumento del gasto social aumenta en mayor proporción, alcanzando su nivel máximo cuando menos se necesita, señala el estudio.
"Los gobiernos deben moderar estas fluctuaciones, manteniendo bajo control el gasto durante los períodos de abundancia a fin de reforzar su capacidad crediticia y aumentar sus reservas, ya que estas se necesitarán para financiar escuelas y servicios de atención de salud en los tiempos de crisis", indicó el vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, David de Ferrani.
El informe, que constituye el principal estudio del Banco Mundial sobre la región realizado este año, sostiene también qué políticas macroeconómicas adecuadas, instituciones financieras sólidas y programas de apoyo al ingreso son fundamentales para fortalecer las estrategias que los hogares aplican para hacer frente a las recesiones.
El estudio, preparado por un equipo de economistas del Banco Mundial encabezado por David de Ferranti y Guillermo Perry, vicepresidente y economista Jefe de la Oficina Regional de América Latina y el Caribe del Banco Mundial, respectivamente, propone enfoques complementarios para garantizar y proteger el ingreso y consumo de los individuos ante los riesgos creados por la volatilidad de los mercados mundiales.
"Hacia la seguridad económica en la era de la globalización", si bien señala que en la década de 1990 no aumentó la inestabilidad económica en América Latina y el Caribe, advierte también que las economías de la región siguen siendo más volátiles que las desarrolladas y las de Asia Oriental, sobre todo en lo que respecta a la relación de intercambio y los flujos de capital.
Esto se debe, agrega el informe, en parte a que muchos países de América Latina y el Caribe son extremadamente dependientes de las exportaciones de productos básicos tales como el petróleo, minerales, café y los productos alimentarios, cuyos precios fluctúan considerablemente.
Continua señalando que otros factores aún más importantes son sus débiles instituciones financieras, y sus limitados vínculos con los mercados financieros desarrollados, todo lo cual hace que estos países sean vulnerables frente a los cambios repentinos en la percepción de los inversionistas extranjeros.
"El desafío consiste en suavizar los auges y caídas de la economía y en ayudar a los pobres a satisfacer sus necesidades diarias durante los períodos de contracción económica", señaló Guillermo Perry. "En nuestro estudio se observa que los hogares de bajos ingresos adoptan estrategias racionales para hacer frente a la recesión.
Perry indicó que contrariamente a lo que se cree, las familias pobres no sacan a sus hijos de la escuela en el momento mismo en que surge una crisis, sino que procuran mantener el consumo de bienes y servicios esenciales, sin embargo, cuando la crisis es profunda o prolongada, los hogares corren el reisgo de agotar sus activos y sacrificar tanto el consumo básico como la educación de sus hijos".
El estudio del Banco Mundial sugiere, además, que los individuos y los gobiernos pueden adoptar tres tipos de medidas para reducir el riesgo o los efectos de las crisis económicas, estas son, "autoprotegerse", es decir, adoptar medidas destinadas a reducir la posibilidad de un cambio desfavorable de la coyuntura económica, "autoasegurarse", o sea, ahorrar en períodos de prosperidad para cubrir su gastos fundamentales en períodos de crisis, y pueden invertir en "seguros de mercado", de decir, usar planes colectivos de riesgos compartidos como los programas de ahorros puestos en común o los seguros de desempleo para protegerse frente a la pérdida repentina de ingresos.
"Mientras más opciones existan mejor estarán los individuos y los gobiernos, observó Guillermo Perry. "Las estrategias gubernamentales de apoyo al ingreso, tales como las obras públicas y los programas de seguro de desempleo, deben servir para complementar las estrategias individuales contra los riesgos y para aumentar su eficacia".