Con piqueteos y marchas el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares (SUNTRACS) inicia desde hoy una jornada de protestas, al considerar que hay la inseguridad en los proyectos de construcción.
Tras la muerte de 10 obreros en lo que va del año, su dirigencia dice que es necesario plantear nuevamente el reglamento de Higiene y Seguridad en la construcción, para que se cumplan las normas y haya sanciones.
Gregorio Guerrel, secretario de Salud Ocupacional del SUNTRACS, explicó que han pasado 7 años desde que se planteó en la Asamblea Nacional un anteproyecto de ley que regule esta materia.
Por ello, los obreros retomarán lo planteado en el 2000, durante una reunión, mañana, en la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), para que se regulen las normas y sanciones en materia de seguridad.
Guerrel asegura que las condiciones de inseguridad que hay en la construcción alcanzan casi el 100%.
Mientras, el presidente de la CAPAC, Walter Medrano, aseguró a Panamá América que a partir de hoy intensificarán las inspecciones en las obras.
Lo ideal sería usar guantes, mallas para la boca y botas, recomendó.
En 2006, a la Coordinación de Desechos se le asignó un presupuesto de B/.500 mil, suma considerada "muy baja", pues en el país no hay rellenos sanitarios, sino vertederos que causan problemas de malos olores, mosquitos y quemas.
Esto empeora por la falta de celdas de seguridad, además del manejo indebido de los rellenos.
Un estudio del MINSA a nivel nacional determinó que los municipios son muy pobres y no tienen capacidad económica para entrenar personal, comprar equipos, máquinas compactadoras y herramientas de seguridad.
El manejo indebido de estos desechos puede producir, además, contaminación hídrica en las calles, barriadas, casas y en los sitios de disposición final, por la descomposición de éstos, que producen los denominados liccidiados, que son más contaminantes que las aguas negras.
Estos líquidos podrían ir a los cauces de los ríos o a las fuentes subterráneas de agua, contaminando pozos de agua potable y por consiguiente, afectar la salud.
También causan infecciones nosocomiales en los centros hospitalarios, afectando a los pacientes.
Francisco Rivas, de la Asociación para la Promoción de Nuevas Alternativas de Desarrollo, dijo que el mayor reto en Panamá es saber separar los desechos hospitalarios peligrosos del resto, que no representa peligro.
Advirtió que una parte es peligrosa, porque tiene patógenos que contaminarían al resto de la basura si son mezclados.
Señaló que en Panamá no se cumple con este ciclo, porque no hay camiones especiales para el transporte de los desechos sólidos hospitalarios y los mismos son transportados con el resto de la basura.
Le preocupa también la posibilidad de que los pepenadores saquen material peligroso con fines desconocidos, así como la falta de divulgación hacia la población en general.
Abraham Goti, de la Dirección Municipal de Aseo Urbano y Domiciliario (DIMAUD), dijo que en la capital sí tienen una cuadrilla de 9 personas, que recolectan exclusivamente estos desechos, así como un vehículo alquilado para ese trabajo.
Este personal está separado de la recolección normal y lo hace muy discretamente para evitar que otros, sin conocimientos manejen estos desechos.
Además, aseguró que este personal trabaja con uniformes de mangas largas, botas especiales y guantes, mientras una vez al año se les practican los exámenes de rigor, al igual que se les capacita.
Para evitar que los pepenadores recojan los desechos, con uno o dos volquetes sellan el sitio donde son arrojados.
Goti reconoció que en Cerro Patacón no hay celdas sanitarias, pero las llevarán a licitación.