Nación

Taboga agobiada por las necesidades


Pese a que su posición geográfica ha contribuido históricamente al establecimiento de muchas empresas, como lo fue el centro de operaciones que se erigió para el descubrimiento y la conquista del Perú, la isla paradisíaca de Taboga se está quedando sola.
La isla que acogiera al Descubridor del Mar del Sur, Vasco Núñez de Balboa, para que descansara tras descubrir el océano Pacífico, hoy sólo recibe a quienes están obligados a retornar a ella.
Desde hace siete meses, cuando se hundió el flotador del muelle de embarque y desembarque, ésta ha dejado de recibir la afluencia de los cientos de turistas que la visitaban semanalmente.
Hoy sólo recibe a quienes de una manera u otra están obligados a retornar a ella diariamente o cada fin de semana: sus residentes y comerciantes que ya son pocos y suspiran por sobrevivir.
Nadie se atreve a arriesgar su seguridad e integridad física, ya que para poder tocar pie en la isla, a falta del flotador del muelle, hay que hacerlo a la vieja usanza de los piratas Pedro Arias de Avila (1519) y Sir Henry Morgan (1671): desembarcar directo en la arena saltando a la playa desde la lancha conocida como la Linda o maniobrando a voluntad de las olas desde la panga que le transporta desde la Calipso que se queda a unos metros de la orilla para no quedar varada en la playa.
Por la poca afluencia de viajeros, ya no hay que madrugar para ser uno de los primeros que abordan la Linda o el Calypso.
Al adentrarse a la isla se encontrará con un pueblo totalmente desolado. Adornan la playa las sombrillas abiertas para el Sol, sin que nadie las alquile para sus uso. Sobra espacio suficiente para relajarse con las caricias espumosas de las olas sin sentirse incómodo por la presión de la multitud bañista.
El impacto económico para los dueños de hoteles, pensiones, restaurantes y buhonería de artesanía es negativo.
El dueño del restaurante Popeye, dijo que comer espinaca no es suficiente para sostener su estado de ánimo. En un día sólo vendió B/. 3.50. Luisa María de Sandoval, quien llegó a trabajar hace 13 años, ahora como propietaria del Centro de Ventas de Souvenir de Taboga comenta que de B/. 700 que vendía por semana ahora si logra B/. 50 es mucho.
Se requiere un adecuado sistema de alcantarillado para tratar las aguas servidas, una línea de agua potable que tenga su origen desde la ciudad de Panamá, y que se solucione el problema del vertedero de basura que contamina las cálidas aguas taboganas.
Se puede observar el jardín de Cantarana con el Cristo de Buga o la casa de Francisco Pizarro. Subir a los cerros de Tres Cruces o El Vigía, observar el Urabá o relajarse en las playas de Honda, Barlovento, Diablo o La Restringa.


fecha edicion
old id
169032
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América