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Tercera edad representa el 8% de la población


Un ocho por ciento de la población panameña corresponde a la tercera edad, por lo que el Gobierno deberá invertir varios millones de dólares en programas de atención a este grupo social, informó ayer el titular de Salud, Fernando Gracia. Los señalamientos del ministro se dieron durante la inauguración de la Reunión Regional de Expertos en el Tema de Envejecimiento y Salud que se celebra en esta ciudad.
Indicó que el ocho por ciento de la población tiene más de 60 años de edad, y prueba de ello, es que las principales causas de muerte son el cáncer, la violencia y las enfermedades cardiovasculares que son las registradas en países industrializados. Detalló que en cinco o diez años ya Panamá estará clasificado como un país que tiene más del 10 por ciento de su población mayor de 60 años.
"Ante esta situación nos estamos preparando para atender enfermedades degenerativas crónicas como cáncer, problemas cardiovasculares y hospitales de larga estancia", añadió. Sustentó que el nuevo reto será atender al adulto joven y aquel que supera los 60 años, acción que no desarrolla normalmente en los países latinoamericanos.
Al tiempo que la ministra de la Juventud, la Mujer, Familia y la Niñez, Rosabel Vergara, afirmó que es hora de eliminar los estereotipos y brindarle la oportunidad a todos los panameños sin distingo de edad, principalmente a la hora de buscar un trabajo. Advirtió que los anuncios de trabajo que señalan que se buscan personas hasta los 35 años de edad son discriminadores, porque después de esa edad se sigue siendo muy productivo.
Explicó que el nivel de vida en Panamá oscila por los 76 ó 77 años y la diferencia entre hombres y mujeres es mínimo. "Mujeres y hombres de 50 años son personas productivas, y eso cambiará sensibilizando a la comunidad sobre la ventaja de esa edad", acotó.
En Panamá los donantes vivos se encuentran más entre hermanos, madres a hijos y de padres a hijos. También la ley es específica en lo que respecta a los donantes vivos, pues sólo podrán hacerlo los familiares que se encuentren en el primer grado de consanguinidad, es decir, que sólo los padres, los hijos o los hermanos pueden donar órganos.
Únicamente en casos especiales se puede permitir el parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad como primos hermanos, pero no así los esposos que se encuentran el primer grado de afinidad, ni mucho menos el trasplante de donantes vivos no relacionados, como amigos o amistades.
Además, no todos pueden ser donantes. Por ejemplo, para considerar que un cadáver sea donante, debe reunir ciertas condiciones. Primero, es necesario el reconocimiento del cuerpo, pues no se puede tratar de un cuerpo anónimo y por ello se exige que fallezca en el hospital; conocer las circunstancias que rodearon su muerte y, principalmente, tiene que haber sido producto de un trauma o lesión del sistema nervioso central. Este proceso cierra aún más la posibilidad del tráfico de órganos.
El que decide las donaciones es un grupo de especialistas que atiende a los pacientes, hace el diagnóstico y ubica al paciente en los programas. También hay un grupo médico integrado por psiquiatras, quienes evalúan los casos para determinar si la persona está en condiciones de calificar para un trasplante. Reciben el apoyo de psicólogos clínicos, trabajadores sociales y enfermeras coordinadoras de trasplantes, mientras que la parte quirúrgica está a cargo de urólogos especialistas en trasplantes, cirujanos cardiovasculares, quienes asisten en casos especiales, y enfermeras quirúrgicas especializadas.
El proceso se inicia una vez encontrado un donante potencial, que generalmente se detecta en las salas de cuidados intensivos. Se realizan exámenes como el HIV, hepatitis, tipaje, se examina si hay infecciones, si tiene tatuajes, ya que una persona con marcas se descalifica inmediatamente, pues éstas pueden haber infectado a la persona, principalmente, por hepatitis.
Excluidas todas las causas que puedan descalificar a una persona, se espera, sin influenciar en los médicos tratantes, la certificación de la muerte cerebral (ellos deben desconocer que su paciente es visto como un potencial donante).
La alarma se activa cuando se le avisa a la enfermera coordinadora de trasplante que hay un paciente en muerte cerebral, o sea, que se ha producido el cese irreversible de las funciones del tallo cerebral, lo que indica que esa parte del organismo ya falleció, antecediendo el paro cardio-respiratorio.
Este diagnóstico lo tiene que hacer un profesional idóneo o un neurocirujano que no participe del programa. La ley exige la certificación de dos profesionales con seis horas de diferencia cada uno, la primera por un neurocirujano y la segunda por un intensivista, paso que no se puede obviar ya que para cualquier trasplante se asegura que existan las dos certificaciones. Tras el momento de la muerte cerebral, entre 24 y 48 horas es el tiempo justo para poder utilizar sus órganos, siempre que no tengan un foco infeccioso.
En Panamá los trasplantes de órganos los realiza esencialmente la CSS. Aún cuando hay hospitales privados que califican para realizarlas, solo tres trasplantes se han efectuado afuera.
Actualmente existen unos 400 pacientes en diálisis, de los cuales el 60% esta en espera de un riñón y no se ha cuantificado lo de los pacientes de hígado. Aunque se va a iniciar el programa de hígado y corazón, todavía no hay fecha fija.
De acuerdo con los datos oficiales de la CSS sobre el programa de trasplante renal, un paciente que va tres veces a la semana genera un gasto de 35 mil balboas al año y un paciente al que se le ha trasplantado exitosamente un riñón, le representa a la institución unos 8 mil balboas al año.
Puede que en un futuro -aún lejano, según los expertos- sea posible crear órganos en laboratorio, con lo que el precio del cuerpo humano disminuiría mucho. Científicos de las universidades de Wisconsin y Baltimore, en Estados Unidos, han logrado cultivar en laboratorio células procedentes de embriones humanos que, bajo ciertos estímulos, se transforman para producir tejidos adultos, como músculos, huesos, cartílagos, piel, tejido nervioso y del tubo digestivo.
De momento, no se puede producir órganos, pero esto supondría una gran ayuda para reparar los que estén lesionados. Sin embargo, aún no se puede "dirigir" a las células para que se conviertan en el tejido que se desea y el uso de embriones humanos suscita fuertes controversias.
En algunos países siguen existiendo casos de compraventa de partes del cuerpo y diversos investigadores han calculado lo que se llega a pagar en el mercado negro por un órgano o un trasplante. Según estos investigadores, una porción de piel proveniente del interior del estómago o las piernas de prisioneros ejecutados en China cuesta unos $1,600.00.
En los sitios donde la sangre es pagada, el costo base puede ser entre $34 y $68 dólares por unidad. Sin embargo, según un artículo de "Discover Magazine", se sabe de algunos casos en los que personas que cobran por su sangre han llegado a ganar hasta $500 dólares por cada donación. A pesar de que el trasplante de intestino aún presenta muchos problemas de rechazo, en el mercado negro de Hong Kong, según los rumores, se puede comprar uno por $400 mil dólares.
En Nueva York dos hombres fueron acusados de vender córneas de prisioneros chinos ejecutados a $4,800 dólares el par. Y en Bombay han alcanzado un precio de 1,600 cada una. Según otras informaciones, se han dado casos en los que una córnea ha llegado a costar $4,000 dólares. En Bombay, según la revista británica "Stuff", se puede llegar a pagar unos $23,000 dólares por un corazón, e incluso se practican transplantes que cuestan unos 154 mil dólares.
Esta misma revista asegura que en India se hacen trasplantes clandestinos de hígado por unos $80,000 dólares, de los cuales 8,000 corresponden al precio del órgano. Según rumores, la Tongjo University of Medical Sciences de China ha cobrado por realizar trasplantes de órganos a occidentales. El precio de un trasplante de pulmón está cerca de los $127,000 dólares, de los que sólo $6,700 corresponderían directamente al órgano.
De acuerdo con el artículo de David J. Rothman, en India se llegan a pagar entre $2,500 y $4,000 dólares por un riñón, de los cuales el donante recibe sólo unos $1,000 ó $1,500 dólares.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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