Nación

Terror y abandono después de masacre


Los indios del corregimiento de Paya celebraban este fin de semana. El licor, la música y la paz reinaban en ese poblado darienita limítrofe con Colombia. Pero poco les duró la dicha.
El sábado fueron sorprendidos por presuntas fuerzas de las Autodefensas Campesinas de Colombia y desde entonces la historia trágica de un cacique indígena y varios lugareños asesinados ha removido una verdad a voces: un Darién sin protección.
Son más de 40 kilómetros de frontera literalmente desprotegida. El último puesto fronterizo está situado en Boca de Cupe y hacia allá refugiados, desplazados y los propios oriundos viven sin "Dios ni nombre". Son más de seis horas de tránsito en piragua por río hasta Punusa, siempre que las corrientes así lo permitan.
Hace un par de meses un equipo de El Panamá América viajó al área para conocer la realidad de los colombianos que huyeron de su país "para vivir".
Ellos lo dijeron. A poco más de una hora, en Calle Mamey, se nos aseguró que hacía más de dos años que "un policía no visitaba el sector".
Ayer, periodistas de Televisora Nacional Canal 2 llegaron a Paya y después de más de 15 horas del ataque, el contingente de la Policía Nacional aún no aparecía por tierra.
Víctor "Nengue" Alcázar había salido el pasado martes de Capetí como guía de un grupo compuesto por dos periodistas de Discovery Travel de Estados Unidos y la esposa de uno de ellos.
Hasta el domingo en la noche sus familiares rezaban porque Nengue viviera. Las esperanzas eran pocas; todo dependía de la fe en un hombre al que describieron como "valiente y muy ágil".
En la madrugada de ayer Alcázar se comunicó con El Panamá América vía telefónica para contar su versión de lo sucedido.
A Mark Wedever (camarógrafo), de 21 años; Robert Penton (reportero), de 47 y la esposa de este último, de 22, les recomendaron a Nengue como guía de la expedición por su conocimiento de la topografía darienita.
Penton, a quien Nengue calificó de "caprichoso", le solicitó después de varias horas de recorrido, que lo llevara hasta Púcuro. "Yo le dije que no podía porque tenía un trato con la Policía y no podíamos llegar allá", según narró Alcázar, aún con voz entrecortada y repitiendo una y otra vez: "Gracias a Dios estoy vivo".
A eso de las 7:00 de la noche llegaron a Paya. El guía continuó con los periodistas porque dijo "sentirse responsable por ellos". A Nengue el norteamericano le propuso que no los abandonara y como pago le compraría su pasaje desde Turbo (en Colombia) hasta Panamá. Nengue le pidió al sáhila, Ernesto Ayala, que negara el permiso a Penton. El cacique es uno de los que los indígenas reportan como asesinado.
Ayala no le hizo caso y por lo contrario, le recomendó a tres moradores para que los acompañaran. Todos partieron de Paya el miércoles y pernoctaron en el camino. El mediodía del jueves, mientras almorzaban a orilla del río, pasaron por el lugar tres indígenas que se dirigían hasta Arquía (pueblo colombiano).
Después de una hora se escucharon ráfagas. Uno de ellos volvió asustado y apenas alcanzaba a hablar. Pero mencionó que se trataba de paramilitares. Los indígenas que viajaban con Nengue y los periodistas en evidente desesperación advirtieron que no deberían seguir.
Penton se negó a volver y decidió continuar el viaje. Una hora después estaban cercados por un grupo de hombres armados que según dijo Alcázar, llevaban mochilas con las iniciales de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba - Urabá).
Eran unos 12 subversivos los que lo capturaron. Se inició un interrogatorio que desencadenó un intercambio de palabras y finalmente Alcázar fue llevado con ellos, aduciendo que se valdrían de él como guía para llegar a Púcuro. Finalmente fueron unos 60 paramilitares, según recuerda, los que llegaron con él a Paya el sábado.
Desde Paya, aproximadamente a las 6:00 de la tarde, Gilberto Vásquez, sáhila de Púcuro, el cacique y dos jóvenes partieron hacia esta última región en compañía de los norteamericanos y el resto del grupo.
Como a las 9:00 de la noche acamparon pero poco después se oyeron disparos incesantes, por lo que Nengue supuso, que ellos, que venían detrás habían sido asesinados. Sus nombres: Pascual Ayala, Luis Enrique Martínez y Gilberto Martínez.
Después de la tragedia, en Paya se viven momentos desgarradores. Justino González, de TVN, confesó que "tenía miedo... no se sabía con qué nos encontraríamos y no habían policías". Milton Monteza, el camarógrafo compartió ese sentimiento. En la noche esas imágenes aún no encontraban descanso en su mente.
Los indígenas que sobrevivieron al ataque y al saqueo, se abalanzaron a la cámara para implorar comida y "seguridad porque somos panameños".
Sobre una rústica asta, ondeaban desesperadamente la Bandera Panameña para que el helicóptero aterrizara. No eran náufragos pero el campo a su derredor estaba minado. Tenían temor y estaban aislados.
Isidro Ayala, de unos 40 años, familiar de uno de los presuntos muertos, perdió el control. Aterrado narró que se llevaron "la ropa, el dinero de las mujeres, un rifle y la comida. Queremos ayuda, guardias, seguridad, yo soy de aquí, no soy extranjero".
El hijo de Vásquez observaba en el fondo. Las lágrimas ya corrían por su rostro, intentaba lograr las fuerzas pero lo vencía la tristeza. "Mi papá murió apuñalado"... y rompió en llanto.
Los cuerpos, según dijeron, están a unos 15 minutos por el camino entre Paya y Púcuro, unos apuñalados y otros con las huellas de una ametralladora. El sitio fue minado por los insurgentes y resulta impenetrable.
En su mayoría los moradores abandonaron los caseríos. Se dirigieron a Boca de Cupe donde son atendidos por misioneros del Vicariato. Los desplazados ya no son colombianos, sino panameños que huyen de su propio territorio por la amenaza de fuerzas foráneas. Se trata de unos 472 kunas y emberás, 324 menores de 18 años, entre ellos dos niños de dos meses, uno de un mes y cuatro días y uno de ocho días. Además unas 95 mujeres y 57 hombres, entre ellos uno de 60, uno de 80 y dos de 70. Unas 18 embarazadas y cuatro recién dadas a luz.
Mientras los medios de comunicación fueron los primeros en llegar al área de los hechos, en la capital el Consejo de Seguridad convocó a una conferencia de prensa para decir que no tenían información detallada de los sucesos. En esa conferencia la Policía Nacional confirmó la muerte del indígena Gilberto Vásquez. Explicó que la desprotección de las áreas fronterizas obedece a "circunstancias" especiales que han obligado al retiro de la Policía.
El director de la Policía, Carlos Barés, explicó que los estadounidenses desaparecidos no son periodistas ni tampoco investigadores de Discovery, sino personas que querían aventurarse a cruzar la zona, a pesar de que fueron advertidas del peligro que corrían.
Señaló que tuvieron contacto con la embajada de Estados Unidos sobre la desaparición de los estadounidenses y con el gobierno de Colombia, sobre la necesidad de reforzar la seguridad.
Precisó que los informes extraoficiales indican que la comunidad de Paya fue atacada por un grupo de 50 insurgentes, quienes incendiaron varias viviendas y saquearon los comercios. "Mientras Colombia no refuerce la seguridad es poco lo que puede hacer Panamá porque se trata de un área de difícil acceso y muy distante", planteó.
En tanto, en el Hospital Santo Tomás permanece bajo estrictas medidas de seguridad el indígena Casildo Ayala, de 19 años, quien resultó herido en el abdomen y el cuello, presuntamente por una bayoneta durante la incursión.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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