Esta vez el patrullaje fue diferente, con agua hasta el pecho. Los policías de la subestación de la Barriada Torreolinos, en Tocumen, no dudaron en atender la emergencia al reportarse que los niños de dos parvularios estaban en peligro.
Cuando llegaron al lugar ya las maestras habían bajado las palancas del sistema eléctrico y los infantes estaban a salvo.
"Ayudamos a evacuar a la gente y algunas las traímos aquí (a la subestación) para darle apoyo psicológico, porque estaban muy nerviosas", asegura la policía Dilcia de Fraña, con 11 de servicio y una de las que arriesgó su vida por los ciudadanos.
Cuando bajaron las aguas se dedicaron a inspeccionar que todo estuviese bajo control.
Fraña pertenece a la Policía de la Niñez y es madre de dos niños. Cumplió con su deber, pero hay otra razón poderosa: "Esto pudo haber pasado en mi casa y mis vecinos también pudieron haber ayudado a mis hijos".
Le da el mérito a sus otros compañeros, los cabos segundo Luis Muñoz, Raúl Corella, Batista y el sargento Bellido.
Mediante un consenso entre estudiantes de la escuela, padres de familia, sociedad civil, docentes y la dirección, se armó un proyecto para presentarlo al Ministerio de Educación.
Al parecer la respuesta a la calamidad está cerca, pero las autoridades educativas deben depositar los fondos.
La profesora Chacón dice que mientras esperan, ella sigue orando. Durante los torrenciales aguaceros del viernes, sus plegarias no cesaban y el fin de semana estuvo llamando a los vecinos para saber si había novedades. Afortunadamente no ha ocurrido nada lamentable, pero la educadora está angustiada.
"Sé que se van a ir muchos fondos en esto pero mi prioridad es la vida de los 288 estudiantes y de los vecinos", dice con firmeza.
Sara de Robles es una de las vecinas de la escuela. Tiene 21 años de vivir en la Barriada Santa Inés.
Cuando estaba en trámites de casa inspeccionó el área y vio la amenazante ladera en la parte posterior. Quiso arrepentirse pero le dijeron: "Tómela o déjela".
"Mi familia venía del interior y me puse a pensar que peor era nada, así que compramos la propiedad", relata.
Es unas de las cinco familias próximas a las escuela más amenazadas por un probable derrumbe. Los días de lluvia intensa son para ellos muy preocupantes.