El popular nuevo presidente de Panamá prometió que garantizará una larga supervivencia del sistema de salud y de pensiones, pero la seguridad social del país está al borde de la bancarrota y cualquier reforma probablemente será dolorosa.
El presidente Martín Torrijos asumió en medio de una fuerte expectativa, prometiendo reparar el sistema y hacerlo financieramente sólido, aunque también dejó en claro que los cambios no serán fáciles.
"Tenemos la obligación de tomar pasos que nos permitan crear una caja de seguro social que sería viable hacia el futuro y garantía para las personas que están dentro del sistema", dijo Torrijos. "Todos tendremos que hacer un sacrificio".
La reforma del sistema de seguridad social es uno de los temas políticos más importantes en el país centroamericano.
El sistema es visto ampliamente como un pilar de justicia social en un país donde 40 por ciento de la población de tres millones de habitantes vive en la pobreza, en una economía construida alrededor de la operación del Canal.
La generosidad del sistema -que extiende sus beneficios de cuidado de la salud a los hijos de familias trabajadoras, esposas y padres- podría ser parte del problema.
"Es bueno dar salud a toda esta gente... el problema es ¿quién lo va a pagar?", dijo Juan Jovane, ex director general de la Caja Seguro Social, que fue despedido por el gobierno anterior luego de que rechazara reducir el gasto para equilibrar el presupuesto del sistema.
Panamá ya enfrenta un déficit fiscal de hasta 5.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del 2004, muy por encima del límite del 2 por ciento establecido por la ley, dejando poco espacio para complementar el sistema de seguridad social con ingresos fiscales.
Las obvias pero difíciles medidas para aligerar la carga fiscal del sistema podrían incluir aumentar la edad de retiro, reducir beneficios de salud y retiro y elevar las primas.