Todo parece indicar que hay más gente trabajando en la ciudad y viven en las afueras. Aquilino Chacón, analista y demógrafo de la Contraloría General de la República, aseguró, en base a los dos últimos censos realizados en el país, que sólo la mitad de la población del distrito de Panamá vive en la ciudad.
Lo que debemos mirar con alarma es la realidad económica que se nos viene encima como tsunami; es decir, que nos vienen aumentos de: combustible, energía, impuestos, seguro social, inflación "made in Panama"; etc. Y por si fuera poco, ahora le subimos los salarios y el transporte de ñapa. Cuando lo que deberíamos estar considerando con mucho cuidado es la manera de disminuir: impuestos; transporte, de pasajeros y carga; costos de gobierno, tales como en el mantenimiento vial, educación, y otros que están elevadísimos por mala política y mala administración. ¡Allí es donde está el problema!
También elevamos los costos a través de toda esa inflada "burrocracia" que impide el desenvolvimiento de nuestra economía. Los aranceles son impuestos que si los eliminamos podrían significar al menos $50 de disminución en la canasta básica y algunos economistas alegan que aun podría ser unos $90 mensuales. Si eliminamos las 100,000 botellas que tenemos en el Gobierno, éstos podrían significar al menos otros $50 mensuales más de mejoría en el poder adquisitivo de las familias. Soluciones hay, pero deben ser inteligentes.
Elevar el estándar de vida de los trabajadores es muy deseable, pero debe lograrse mediante el mejoramiento en la producción y no a través de un mandato legislativo. Es un asunto eminentemente económico y no político.
(*)Miembro de la Fundación Libertad.