En el día de ayer se realizó la firma de traspaso de la administración del Aeropuerto Internacional de Tocumen. Este documento fue firmado por Humberto Chavarría, subdirector técnico de la Autoridad de Aeronáutica Civil; y por Julio Córdoba, gerente general del Aeropuerto Internacional de Tocumen S.A.
En la firma estuvieron presentes altas personalidades tales como Eduardo Quirós, ministro de Obras Públicas; Manuel Cohen y Jack Btesh, de la Junta Directiva; Fátima Pérez Polo, subgerente general; Carlos Raúl Piad, gerente general de la Caja de Ahorros; José Manuel Sánchez, por la Contraloría de la República; e Iván A. Martínez, subdirector de Fiscalización.
De acuerdo con la nueva ley, el Estado es el propietario del 100% de las acciones de la sociedad anónima que administrará el aeropuerto. La Junta Directiva, formada por Gobierno y empresa privada, ha puesto en ejecución su plan de trabajo para darle al terminal aéreo la estructura administrativa y la infraestructura técnica de servicios, que deberá otorgarle los calificativos para alcanzar el liderazgo en el sector aeroportuario de la región.
El 60% del personal que trabajaba en el aeropuerto decidió quedarse en la nueva empresa, denominada Aeropuerto Internacional de Tocumen, S.A., mientras que por decisión propia el resto se acogió al régimen de retirarse y obtener sus prestaciones laborales prescritas por las normas legales. La actual administración inició los trabajos de mejoras en las instalaciones de este terminal aéreo, para ofrecer la mayor comodidad y beneficio a los usuarios.
Además de Julio Córdoba y Fátima Pérez Polo, como gerente y subgerente, respectivamente, la nueva administración del aeropuerto de Tocumen la conforman también Amelia Solís, en la Gerencia de Planificación y Gestión; Raquel Méndez de Castro, gerencia de Operaciones; María Victoria Arias, gerencia Comercial; Luis González, Gerencia de Seguridad; y Ricardo Morcillo, en la gerencia de Administración y Finanzas.
Pueden darse casos donde se requieran varias sesiones para liberar a la víctima, porque los demonios, animados por Satán, son capaces de confundir a cualquier exorcista humano.
Quienes han presenciado un exorcismo aseguran que no es un cuadro agradable a la vista, ni a los sentidos, porque "el demonio es desagradable y el mal también". De acuerdo con la bibliografía consultada, los exorcismos, en su gran mayoría, no son una cuestión privada entre cura y paciente, pues participan seres queridos y un grupo de apoyo; "la gente reza por uno y uno pasa a ser el centro de atención".
Considerando que la posesión es una experiencia impresionante, tanto para el cuerpo, la mente y el espíritu, el Pastor Gómez recomendó que una persona que haya sido liberada debe entrar al discipulado para que aprenda a mantener su libertad, a conocer los principios de obediencia a Dios, a buscarlo a través de la oración, pues si la persona se aleja, "vuelve a las cosas que hacía antes".
La tentación del mal, que durante un periodo de su vida ha estado tan íntimamente relacionada con el alma de la víctima, tenderá a manifestarse más frecuentemente que antes. Por la misma razón, la víctima tendrá la sensación de que "le falta algo" durante mucho tiempo; esta sensación de vacío debe rellenarse con el amor por Dios y las enseñanzas de Jesucristo.
En ocasiones, se producirán alteraciones de tipo mental, y especialmente las relacionadas con la comida, la bebida y la sexualidad. Se debe a que la presencia del demonio, obsesionado con los placeres del cuerpo, habrá deformado la sensibilidad de su víctima hasta hacerla casi irreconocible. Se necesita mucho amor, fe, disciplina y atención para restablecer esa sensibilidad hasta su naturaleza anterior.