Una policía amiga de la comunidad es aspiración de todos los ciudadanos, principalmente porque la seguridad pública es una necesidad de primer orden.
Transitar por las calles y salir de casa con la confianza de que la vida y los bienes están bien vigilados por esos hombres y mujeres de uniforme, es una razón suficiente para agradecer a tantos que arriesgan su vida en una profesión muchas veces incomprendida.
Pero esa confianza en la policía como institución, así como en su personal, se puede consolidar a través de programas especiales que han alcanzado gran éxito en otras latitudes.
Algunos de esos programas son aplicados en escuelas, principalmente para ayudar a los niños y niñas a que tomen medidas que reduzcan los riesgos de participar en delitos o de ser sujetos de acciones delictivas.
Una de las experiencias exitosas que han ayudado a reducir considerablemente las estadísticas sobre casos policiales la tiene el décimo primer precinto del Departamento de Policía de Detroit, en Estados Unidos.
El departamento, a cargo del comandante Ronald Haddad, se ha convertido en un estamento con activa presencia en la comunidad, pero también ha logrado traer a la comunidad hasta su centro central de operaciones, con el objetivo de lograr una plena integración que permita a los ciudadanos comprender la labor que desarrolla la policía.
Uno de los sectores de población preferidos por los policías son los niños. El departamento policial escoge escuelas y un día a la semana se reúnen con pequeños y los jóvenes, para enseñarles sobre seguridad, el uso de armas, y orientarlos a que no usen drogas.
A los infantes se les entregan réplicas de placas, y ellos juegan a que son policías. Se les enseña en forma práctica cómo ir a las escuelas en forma segura, y para el otoño se celebra un gran encuentro de regreso a clases, con helicópteros, policía montada, bomberos, los que ofrecen un espectáculo para que haya alegría de volver a la escuela.
El día de brujas también habilitan una casa embrujada en la sede central, y los niños los visitan, juegan, se divierten y se les ofrece un refrigerio.
El comandante Haddad, quien afirmó que será un niño toda la vida para explicar lo que disfruta de este programa, indicó que los policías participan con entusiasmo de estas actividades, las que tienen como objetivo central insistir en las necesidad de la prevención del delito.
El precinto o zona policial de Haddad ha logrado una significativa reducción de la tasa de crímenes en los últimos cinco años, y el éxito lo atribuyen a los proyectos que ejecutan, muchos de los cuales tienen lugar durante la Semana de la Policía.
Entre los trabajos comunitarios, desarrollan un programa de exploradores con jóvenes que provienen de hogares desintegrados, a los que también les ayudan en las tareas escolares. El objetivo es mantenerlos el mayor tiempo ocupados en actividades útiles para alejarlos de influencias negativas.
Existe una fundación que garantiza la asistencia de profesores que den parte de su tiempo para dedicarlo a la enseñanza de niños y jóvenes.
Pero al preguntarle al comandante Haddad de dónde salen los fondos para las actividades, afirmó que tienen el mejor programa del país con gente de negocios.
Informó que reciben la cooperación de los negocios para celebrar la gran fiesta con la comunidad, en la que se aprovecha para orientar a la gente sobre la necesidad de instalar alarmas en sus casas, verificar que los autos, motos y bicicletas que compren tengan el número de serie, pues es la mejor forma de reclamarlos en casos de robo.
Haddad, quien reitera que en los últimos años han afianzado la credibilidad de la entidad, habló de las confianza que le tienen los comerciantes, quienes cooperan como una forma de agradecer a los policías por el buen trabajo para reducir el crimen.
Con la cooperación de los dueños de negocios se confeccionan las placas y reglas que se regalan a los niños, se imprimen leyendas en vasos de plástico, se hacen suéteres especiales, se confeccionan separadores de libros, se organizan torneos deportivos entre precintos de diferentes partes del país.
Todo el material que se imprime tiene mensajes educativos sobre el no fumar, no usar drogas, respetar las leyes, llevar una vida sana, aprovechar el tiempo libre en actividades que ayuden al crecimiento personal, y otros. Todo ese material se entrega a ciudadanos de distintas edades.
El precinto también logra que los detenidos desarrollen trabajos en forma voluntaria, tiene en la sede un cajero automático para que la gente se sienta segura de retirar dinero. Una facilidad especial que se observó es que a los menores de edad se les interroga en una habitación que tiene una gran ventana de cristal que comunica visualmente con la recepción.
Haddad explicó que la ventana sirve para que desde afuera se pueda observar que no hay ninguna presión o amenaza durante el interrogatorio, y que se respeta la integridad física del menor detenido.
Los policías también han sabido ganarse el corazón de los ciudadanos a través de otros programas como la recolección anual de basura, pintarle la casa a la gente de edad avanzada, visita anual acompañados por monjes de la ciudad para llevar alimentos y ropa a jóvenes desamparados, así como la distribución anual de ropa y comida que logran recoger en unos 10 camiones.
Todas estas iniciativas han creado un ambiente comunitario favorable para ayudar a la policía en su misión, afirma con marcada satisfacción el espigado comandante, quien goza del respeto del personal a su cargo al saber combinar la creatividad y el profesionalismo en un trabajo tan importante. En su base funciona una oficina de quejas y relación con la comunidad, la que sin duda tiene mucho que hacer.
Pero los jóvenes a los que no les gusta ir a la escuela de seguro que no le tendrán tanto cariño a los policías, quienes en sus rondas habituales los obligan a cumplir con este deber, pues el no recibir clases es un delito.
El comandante, quien tiene una maestría y se ha ganado el cargo por sus logros académicos y profesionales, mostró su disposición de ayudar a quienes quieran aprender de sus programas.
Los policías son conscientes de que sólo a través de un trabajo en equipo con la comunidad pueden obtener grandes logros, por lo que incluso dan de su tiempo libre para reforzar esos lazos de cooperación y entendimiento.
Ni toscos ni bravucones, los policías de esta zona han demostrado que para perseguir el crimen y proteger a la gente no es necesario mostrar la cara más seria sino los mejores resultados.
Esta experiencia es un ejemplo de que la cooperación y la creatividad son un arma poderosa para superar el típico escollo del: "es que no hay recursos para hacerlo".