Cuando en aquella ceremonia el presidente de Estados Unidos, George Bush, juramentó a Gaddi Vásquez como el nuevo director del Cuerpo de Paz a nivel mundial, los corazones de los hispanos, en su país, México, y el resto de América, latieron henchidos de orgullo.
Un hijo de tierra azteca había sido considerado para un cargo de gran responsabilidad, que por añadidura, requiere la ratificación del Senado. Vásquez lo había logrado.
De origen humilde, como él mismo enfatiza, proviene de una familia de agricultores que soñaban con ver a sus hijos realizados profesionalmente. "Mi madre nos daba empuje, a mi hermano y a mí, nos instaba a no desfallecer".
El siguió al pie de la letra los consejos de su progenitora y hoy en su escritorio en Washington se le observa en una foto con el presidente Bush, justo al lado, la imagen de un niño de cuatro años, con "un señor enfrente de una estructura, que allá le llamamos trailer (casa rodante), de madera y aluminio, sin electricidad, ni agua. Somos mi padre y yo".
Ese cuadro permanece allí para que Gaddi no olvide nunca sus raíces. El lo decidió así porque "en medio de la pobreza aprendí a valorar la vida, la familia y eso ha contribuido mucho en mi desarrollo personal".
Y es que su mente lleva guardada la mejor fotografía. "Cuando visito las zonas rurales de los países y observo la pobreza y la necesidad en niños y jóvenes, me veo a mí cuando era pequeño".
El trabajo de más de 6,000 voluntarios se extiende por todo el mundo. Se trata de una tarea que requiere desprendimiento y que como es de esperarse, crea escepticismo.
En una ocasión un presidente de un país en Africa le dijo a Vásquez: "Yo no comprendo por qué gente americana, que tiene tantas comodidades deja todo para venir a mi país a dormir en un piso de tierra, sin agua, ni electricidad... pero qué bueno que lo hagan". Precisamente los voluntarios no reciben salario y se les asignan áreas de extrema pobreza o poblaciones indígenas, como es el caso de Panamá.
"¿Vale la pena el sacrificio?", preguntamos y Vásquez no duda en responder ampliamente. Ha sido hasta la fecha un trabajo exitoso en más de 40 años, desde la creación del Cuerpo de Paz en 1961.
La estrategia se basa en lograr la integración de los voluntarios a las comunidades. "Nos toca conocer sus tradiciones y costumbres".
Los resultados positivos de ese concepto se muestran en la relación entre la comunidad y el voluntario. "Hay lugares en los que me cuentan que hay lágrimas y personas conmovidas cuando llega el momento de partir, después de dos años, por lo que solicitan quedarse un tercero".
El mejor ejemplo es el de la directora regional en Panamá. Ella ya había sido voluntaria, hace casi 10 años y ahora quiso regresar porque aquí "dejó su familia panameña".
A los lugares en donde se radican voluntarios se lleva programas de acuerdo a las necesidades. Hoy, hay sitios en los que se ha impartido desde capacitación en computadoras hasta políticas de mercado.
En Panamá, por ejemplo, dos características adicionales colocan al país en una posición ventajosa, según entiende Vásquez. "Esta región se distingue porque el nivel y el ambiente de seguridad para los voluntarios es extraordinario".
Generalmente son personas jóvenes, aunque Vásquez aclara de inmediato "no debe confundirse el hecho de la edad con la preparación. Muchos de ellos ya tienen como mínimo cuatro años de universidad y se han graduado, el 10% tiene maestría y han avanzado en sus estudios y tenemos algunos que cuentan incluso con doctorado".
En otros casos son personas jubiladas que ya han logrado una carrera y quieren ayudar y seguir trabajando de una manera u otra en lugares donde puedan hacer una contribución valiosa.
Antes de llegar a la comunidad asignada, el voluntario es sometido a un entrenamiento de 12 semanas en el país, "no en Estados Unidos". Es un proceso extenso que toma de 6 a 9 meses.
"Nosotros analizamos a la persona, su historia, sus credenciales, pero más que todo la motivación. Tenemos que estar confiados en que el voluntario tiene las cualidades requeridas por el Cuerpo de Paz, porque no es un trabajo fácil".
Hay diferentes aspectos que deben considerarse como la cultura, el idioma, las enfermedades a las que pueda enfrentarse y "todo eso debe sopesarse".
A partir de allí y sin tomar en cuenta el entrenamiento previo, el voluntario permanece dos años en el área.
A pesar de lo complicado que se escucha, Vásquez asegura que son cada día más los interesados.
Justamente su visita a Panamá pretendía llegar a Darién y Bocas del Toro, donde hay un grupo de representantes del Cuerpo de Paz. Su apretada agenda se lo impidió. Regresó pronto a Estados Unidos para participar de los actos solemnes por la muerte del ex presidente Ronald Reagan, sin embargo, prometió volver.