Una de ellas es la de Fernando Castillero, quien hace cinco años le diagnosticaron problemas en uno de sus riñones.
"Esta es una terrible enfermedad, mis piernas se me hinchaban, así como otras partes de mi cuerpo", dijo.
Tediosos tratamientos como quimioterapia y hemodiálisis se convirtieron en una pesadilla para Castillero.
Él, además de realizarse exámenes en la ciudad de Panamá, viajó hasta Cuba con la esperanza de encontrar una solución.
La hemodiálisis es una técnica en la que mediante un circuito extracorpóreo se hace pasar la sangre del paciente por un filtro, con lo que se elimina el agua y las sustancias retenidas y se regula el equilibrio ácido-básico.
De regreso, los ánimos de este panameño oriundo de la provincia de Herrera estaban por el suelo. Al llegar al aeropuerto su estado de gravedad era notorio, sólo tenía seis de hemoglobina.
En el aeropuerto lo esperaba su hija Ana Gabriela, quien ahora tiene 24 años.
Ana Gabriela, sin pensarlo, le propuso a su padre convertirse en su donante. Hicieron los exámenes se comprobó que eran compatibles.
Pero, no sólo su hija quería donarle el riñón, también sus familiares y amigos, quienes lo apoyaron durante sus padecimientos.
"Me sentí muy emocionada cuando vi a mi papá salir de la operación, porque había sido un éxito. Esto fue un regalo de amor", manifestó Ana Gabriela.
Hoy, tanto Fernando como Ana Gabriela Castillero, están bien de salud.
En la ciudad de Panamá, en la Caja de Seguro Social cada día se agregan más pacientes que necesitan un trasplante de riñón, mientras la cantidad de donantes disminuye.
Para David Crespo, coordinador nacional de Trasplante de Órganos de la Caja de Seguro Social (CSS), los arraigos religiosos y la falta de programas educativos son los principales obstáculos para promover la donación voluntaria de órganos.
Hay dos tipos de donante, el cadavérico y el donante vivo. Una vez que se determina que un paciente necesita de un trasplante, el paso que se debe seguir es la obtención del órgano.
Un solo paciente de hemodiálisis representa para la Caja de Seguro Social una inversión de B/.25 mil a B/.35 mil anuales.
De acuerdo con la Ley 52 del 12 de diciembre de 1995, por presunción, todo individuo es donante.