No hizo falta que las llamas del incendio de Curundú, registrado ayer, alcanzaran la casa de Pedro Medrano. Sus propios vecinos acabaron con sus pertenencias.
Contó a Panamá América que todo fue muy rápido y que el incendio en El Triángulo es la experiencia más dolorosa que ha pasado la familia Medrano-Blyte.
Él estaba dormido con su pequeña hija Kimberly y cuando se dio cuenta, corrió con la niña y abandonó su casa.
En ese sector vive parte de su familia. Su hermana Anais fue una de las víctimas de la tragedia y apenas vio a Pedro, le pidió que la ayudara.
"Entre lágrimas me pedía ayuda, pero no pude hacer nada", cuenta Pedro sumido en el llanto.
Para colmo de sus males, mientras se disponía a sacar sus pertenencias por si el siniestro llegaba a su casa, un teniente lo retuvo.
Se lo llevaron esposado y la explicación que recibió es que estaba siendo señalado por algunas personas como el responsable del fuego.
Pasó tres horas en el cuartel y cuando regresó, le habían robado hasta los vasos y platos.
Graciela Córdoba, otra de las damnificadas, todavía estaba asustada cuando conversó con este medio. Ella es madre de cuatro niños, dos en edad escolar y uno de apenas un mes de nacido.
A esa hora, 6: 45 a.m., todos dormían. Alguien dio la voz de alerta y Graciela corrió a sacar a sus niños.
Lo perdió todo, pues por haberla tomado de sorpresa, sólo tuvo tiempo para sacar a sus hijos.
Dijo que todo se quemó y le preocupa que su bebé no tiene ropa y los otros tres, no tienen ropa ni útiles escolares.
En otro punto encontramos a Claudia Jingüimea, de 13 años, quien con su hijo de dos meses en brazos, mostraba una mirada triste y perdida. Ella está encargada de cuidar a otro pequeño.
Las historias eran conmovedoras. Marisol, una joven de 18 años, contó que sólo quedó con la ropa que llevaba puesta, tanto ella como su pequeño hijo.
El esposo de Marisol es policía en Darién y su horario es "un mes por un mes".
En horas de la tarde, poco después del incendio, escenas desconcertantes se vivían en el espacio afectado.
Las hojas de zinc y la madera eran levantadas por cientos de personas que buscaban cualquier cosa de valor.
Lo poco que quedaba fue saqueado por los propios vecinos, incluidos los cables.
Y es que el panorama de Curundú parece estar saliéndosele de las manos a las autoridades, lo que los ha hecho tomar acciones enérgicas.
Se conoció que los más de 400 damnificados no serán reubicados en albergues. Deberán quedarse en casa de familiares hasta tanto se les consiga una solución definitiva.