Hace unos días, Félix Guerra, de 27 años, comprobó una vez más que la globalización y los adelantos del mundo moderno dejaron por fuera a las personas con discapacidad, como él.
La ciudad de Panamá es hostil para quienes tienen algún impedimento físico, Guerra lo sabe. El sufrió un derrame cerebral que lo ha llevado a caminar con bastón.
El autobús lo toma en la Plaza 5 de Mayo y es allí donde su odisea comienza, pues no puede estar mucho tiempo de pie.
No sólo le toca esperar por largo rato, sino que por añadidura, los "diablos rojos" no disponen de un sistema especial para ser abordados con facilidad y mucho menos hay rampas.
Y Guerra no es el único que sufre la calamidad de desplazarse en una ciudad hostil.
La misma suerte corre Leonardo Franco. Él está desempleado y asegura que su discapacidad ha sido el impedimento para conseguir ocupación, además la parálisis que padece le impide movilizarse sin problemas.
Del mismo modo, Eloyda Muñoz contó al Panamá América que toma el bus con dificultad porque es invidente y vive sola, se desplaza con un bastón blanco, pero muchas veces los buseros la dejan fuera de la parada.
Panamá América salió a comprobar lo que se comenta y que pese a las campañas de concienciación, sigue siendo un hecho: no hay facilidades para las personas con discapacidad.
Las paradas de buses son iguales para todos, con o sin discapacidad, hay pocas rampas en los centros comerciales y algunas no tienen la inclinación necesaria, los estacionamientos son ocupados por personas físicamente normales y otras tantas violaciones a las disposiciones legales.
La Ley No. 42 de 27 de agosto de 1999 rige esta materia. Ella establece la Equiparación de Oportunidades para las personas con Discapacidad.
Por ejemplo, el artículo 30 de esta norma señala que las aceras de los edificios y espacios de uso público tendrán superficies uniformes, planas, continuas, con acabados antideslizantes, sin escalones e incluirán rampas de acceso en las esquinas.
En la ciudad de Panamá no hay siquiera señalizaciones de tránsito para las personas con discapacidad, lo que las obliga a depender de otras para movilizarse.
La observación nos llevó a los pasos peatonales. La situación es la misma.
Una persona con algún impedimento físico "se las ve a gatas". Estas estructuras no cuentan con los requisitos técnicos como rampas, pasamanos, señalizaciones visuales, auditivas y táctiles, para garantizar que sean utilizadas sin riesgo alguno.
Aníbal Miranda, nuevo director nacional de personas con discapacidad del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) dijo que "la ciudad no se planificó de una forma accesible y habría que cambiar toda su estructura para volverla accesible y eso no se hace ni en 20 años".
Con el término accesible intenta definir a una ciudad "en la que las barreras arquitectónicas e información son superadas mediante sencillas adecuaciones. Es aquella en la que una persona tiene acceso a todos los servicios y puede ir sin problema al cine, al mercado, a la iglesia y a cualquier parte".
"Si para cualquier persona es dificultoso subirse a un autobús, imaginemos a una persona con muleta, que no ve, en sillas de ruedas, igual ocurre con las aceras.. la infraestructura de la ciudad es hostil, pero la conducta de las personas está cambiando", añadió Miranda, quien es una persona con discapacidad.
En Panamá, unos 280 mil panameños tienen alguna discapacidad, de acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La mayoría de estas personas son de escasos recursos.