Nación

Una comunidad presa de las fugas carcelarias

Uno de los moradores fue confundido con un pr?fugo y recibi? golpes e insultos de la Polic?a.


MIENTRAS que para el panameño común una fuga en las cárceles La Joya y La Joyita es un tema de interés noticioso, para los residentes de las comunidades aledañas al penal se convierte en una situación de seguridad personal.
Los moradores de la comunidad de El Naranjal, separada por una cerca de estas prisiones, viven en constante zozobra cada vez que escuchan las sirenas y los disparos que indican que se ha registrado una nueva evasión.
Los pobladores de esta comunidad no sólo temen ser atacados por los prófugos, sino que además con frecuencia son confundidos por las autoridades quienes en su afán de atrapar a los evadidos detienen a cualquier persona.
Esto le ocurrió al darienita Irving Palacios, de 18 años, quien fue confundido por llevar puesto un suéter azul, que es el color usado por los reos de La Joya.
Palacios recordó que se encontraba en su casa después de jugar fútbol, cuando un ruido extraño lo alertó.
Se asomó para divisar qué pasaba, y se encontró con dos policías, quienes sin mediar palabras, lo esposaron, le gritaron palabras obscenas y le propinaron fuertes golpes en toda su anatomía. Los uniformados buscaban a los evadidos de La Joya.
Sin tener si quiera la oportunidad de buscar su cédula de identidad personal, con violencia Palacios fue introducido en un vehículo patrulla, que lo condujo hacia La Joya.
Sin poder pedir auxilio, recordó cómo al llegar a las inmediaciones del penal, fue arrojado desde la patrulla al pavimento, lo que le provocó una herida en el hombro izquierdo.
Varios uniformados presenciaron la escena, pero todos guardaron silencio, según dijo.
Fueron dos reos recapturados que lo salvaron de ser apresado. "No, no, este pela"o no es de aquí", indicó uno de los detenidos.
Fue así como Irving logró su libertad. No recibió disculpa por los golpes recibidos y para colmo le tocó caminar una larga distancia hasta llegar a su hogar, ya que sus captores ni siquiera lo regresaron a casa.
La comunidad de El Naranjal es muy próxima a la cárcel, hasta las voces y plegarias de los privados de libertad pueden oírse a lo lejos.
Los moradores saben por dónde pasan los prófugos y lo único que les queda es cerrar sus puertas al escuchar las sirenas de alerta.
Se quejaron que la Policía Nacional bajó la guardia, ya que el pasado miércoles en la noche vieron pasar a un prófugo que le pidió ropa a un residente, caminó hacia la parada, tomó un bus y se fue.
Panamá América observó ayer que en el lugar no había un sólo agente policial.
  • Los prófugos al pasar, indican con señales a quienes los ven que guarden silencio.

  • En pocos casos se han registrado robos de prendas de vestir, aún así los moradores viven atemorizados.

  • Al darse una evasión los habitantes de las viviendas más cercanas a las cárceles, no pueden dormir.


fecha edicion
old id
297707
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América