El 11 de octubre de 1968, el presidente Arnulfo Arias Madrid fue objeto de otro golpe militar, esta vez por parte de los militares comandados por Boris Martínez y Omar Torrijos Herrera. Mientras ese movimiento se realizaba en la ciudad capital, el interior del país no escapaba a la acción.
En Chiriquí, Onofre Quintero, un hombre vivaz de 37 años, laboraba con un extranjero de apellido Fink aserrando madera. Se encontraba conduciendo un jeep de su patrón por el fresco poblado, cuando se enteró de que las garantías constitucionales habían sido suspendidas.
Al llegar donde su patrón, éste le recomendó que se fuera de Volcán, porque como era arnulfista, la Guardia Nacional estaba persiguiendo a quienes seguían y defendían la doctrina del derrocado presidente constitucional.
Quintero recalca que al igual que otros arnulfistas, ellos decidieron combatir a los militares porque el golpe de Estado iba en contra de la decisión de un pueblo, del derecho y la libertad que tiene cada uno de nosotros de escoger a sus mandatarios. "Por la patria y por su familia" tomó esta decisión.
"La organización de la guerrilla fue un tanto informal, todos se agruparon porque tenían un sólo sentir: devolver las garantías constitucionales a los panameños", sostiene.
Quintero, quien en primera instancia estuvo un tanto reacio a revelarnos sus vivencias, nos manifestó que las armas se las proporcionaron en el lado costarricense, sin dar nombres, pero las mismas no eran de largo alcance como las de la Guardia Nacional, quienes habían equipado sus jeeps con metralletas y armas de largo alcance.
¿POR QUE PIEDRA CANDELA?
Subraya que se escogió Piedra Candela, una productiva comunidad de Renacimiento en la provincia chiricana, como lugar para establecer la guerrilla, debido a que se encuentra a sólo unos pasos de Costa Rica, país al que tuvieron que replegarse en varias ocasiones por lo cruento de los combates. Unos murieron en el campo, otros fueron llevados al cuartel de David, lugar donde llegaron en calidad de presos políticos, mientras que otros como él, se fueron hacia Costa Rica y otros países centroamericanos.
Dijo estar seguro de que en ese enfrentamiento cayó su compañero de armas Ramón Mojica, quien fue enterrado en el lugar y hace dos años fue desenterrado para recibir cristiana sepultura y sus restos hoy reposan en el cementerio de Volcán. En cuanto a los militares caídos, dijo no poder afirmar si presentaron bajas.
Señala que en la lucha no había entrenamiento militar, sino que lo hacían porque en su interior existía un gran dolor por lo que estaba sucediendo en el país.
El ex combatiente dijo que los reclutados, si se les pude llamar de esa manera, se fueron a la distante comunidad, porque ellos serían blanco de los miembros de la Guardia Nacional por su pensamiento político. La Guardia era alertada por los conocidos "sapos" o informantes que se daban en todo el país y que de manera incondicional daban detalles de todos los movimientos políticos de la comunidad.
VUELVE A LA PATRIA
Onofre trabajó en Costa Rica y en Honduras aserrando madera y manejando equipo pesado, pero todos sus movimientos eran conocidos por el general Omar Torrijos, por lo que en 1970 un emisario de él le señaló que debía regresar a Panamá o no podría entrar nunca más.
Decidió aceptar el ofrecimiento para retornar a su Patria, ya que algunos compañeros de armas le escribían y le indicaban que las cosas estaban en calma en el país.
El 1 de noviembre, junto a otros cuatro compañeros, regresó a Panamá por el Aeropuerto de Tocumen, luego de lo cual fueron llevados a la comandancia, pero no fue hasta el 6 de noviembre que el general Omar Torrijos se reunió con ellos y les ofreció trabajo para que no volvieran a armar otro movimiento como el de 1968.
Quintero le respondió que él deseaba regresar a Volcán, donde había dejado a su esposa e hijos, sin embargo, Torrijos le ofreció B/.45 mil para que montara su negocio y fuera independiente, a lo que respondió que lo pensaría.
Al regresar a Chiriquí fue recibido en el cuartel de David por el mayor Roberto Díaz Herrera, quien le aseguró que podía trabajar tranquilamente a su provincia, ya que ningún miembro de la Guardia Nacional se metería con él.
"Siempre fui arnulfista, fui miembro de los directorios, fui presidente del comité ejecutivo de la localidad y ahora veo que la presidenta Mireya como que se ha olvidado de nosotros", señala.
RESPALDA COMISION DE LA VERDAD
Con respecto a la Comisión de la Verdad, recién instalada por la presidenta Mireya Moscoso, dijo estar complacido, porque ellos investigarán lo que se dio en ese entonces, "ya que a quienes mataron fueron seres humanos que lucharon por la libertad".
Ahora Onofre es una persona caracterizada por su barba blanca, su mente llena de recuerdos de aquella época en que con valentía pretendía devolver la libertad al país. Vive sólo en su residencia, ya que su esposa falleció y sus hijos han formado otras familias, pero siempre están pendientes de él, sin embargo, sus amigos le visitan para escuchar sus anécdotas o para hablar de política.
Este viejo militante se siente desanimado por el rumbo que ha tomado el Partido Arnulfista, por lo que se enfiló en la contienda pasada con Alberto Vallarino.
UNA HISTORIA DIFERENTE
Mientras que la historia de Generoso Elizondo (otro combatiente arnulfista) fue un poco distinta, porque no corrió con la misma suerte de su compañero de armas.
Elizondo fue detenido por espacio de 11 meses en el cuartel de David, en condiciones infrahumanas, siendo amenazado constantemente.
Decidió enfilarse a combatir a los militares porque hasta su casa llegó su madre, con lágrimas en los ojos, señalando que corrían peligro porque las garantías constitucionales habían sido suspendidas.
"Los militares violaron mujeres, mataron gente, los animales de corral, dañaban los siembros, infundían temor entre los habitantes y eso no lo podíamos permitir", apuntó Elizondo.
Es importante resaltar que la entrevista con Elizondo la obtuvimos luego de una larga conversación donde nos señalaba que no quería revolver ese pasado doloroso, donde tuvo que dejar a sus pequeños hijos, a su esposa y a su madre solos, mientras él combatía y luego cuando estuvo detenido, tiempo en el que su familia vivió afligida con la incertidumbre de que en un momento determinado sería asesinado y desaparecido como muchos otros.
Poco fue lo que obtuvimos de labios de Elizondo, quien habita en su residencia en Volcán, al lado de un taller de mecánica de su propiedad. Es un hombre maduro, con grandes conocimientos, con recuerdos dolorosos y al igual que Quintero se siente frustrado por el rumbo que ha tomado el Partido Arnulfista en los últimos tiempos, porque no se les ha reconocido el sacrificio hecho por ellos, tan sólo se les ha dedicado un monumento que casi no dice nada en el centro del parque de la comunidad.
En cuanto a los desaparecidos en ese periodo, no precisó los nombres, pero coincidió con Quintero en señalar que Ramón Mojica fue acribillado en el sitio de combate y enterrado en el lugar de los hechos, mientras que a un sujeto apodado Kimbal, se le expidió una boleta de libertad en la cárcel de David y jamás se supo de él.
Para él la instalación de la Comisión de la Verdad ha sido una decisión acertada, porque los crímenes de los militares deben ser sacados a la luz pública, porque los familiares deben conocer donde fueron a parar sus seres queridos y las investigaciones deben llegar a todo el país.