Nación

Una madre en el olvido

Doña Chana vive sola, enferma y abandonada a la suerte del destino; no ve a sus hijos.


HAY PERSONAS que con el pasar del tiempo se les olvida, gracias a quién están en este mundo, quién les dio ese gran regalo de nacer.
No se acuerdan de esa bella mujer que pasó noches en vela cuando estaban enfermos, y sobre todo olvidan que han trabajado para poder hacerlos hombres y mujeres de bien para que nunca les falte de comer o un techo dónde refugiarse.
A las madres también las abandonan, porque han envejecido y no pueden realizar las pesadas labores que antes hacían, sin importarles si se encuentran enfermas.
Esa es la triste realidad que están viviendo muchas madres panameñas en estos momentos y un vivo ejemplo de esta situación es la de la señora "Chana".
La vejez es como una gran montaña por escalar, donde te tropiezas con muchas barreras, entre ellas no tener qué comer, vivir en profunda soledad, sin nadie que te cuide, como es el caso de una señora a la cual encontramos sentada en un viejo sillón y cociendo en su humilde casa ubicada en Chilibre, específicamente en la comunidad de Ñajú.
Leyda Rodríguez tiene 82 años y es conocida como doña "Chana".
Ella es oriunda de Ocú, provincia de Herrera y nunca pudo estudiar porque su padre sólo le dio esa oportunidad a su hermano.
"Mi papá fue malo conmigo no me mandó a la escuela", dijo doña Chana, quien a los 12 meses de haber nacido tuvo un problema en su pierna derecha que le ocasionó una deformidad que le impide que pueda caminar normalmente.
Lamentablemente, con el pasar de los días los dolores en la cadera se manifiestan más, también padece de sordera leve por lo que hay que hablar en tono alto para que pueda escuchar.
Esta señora llegó a la capital hace muchos años con sus pequeños hijos en brazos, buscando mejores oportunidades; pero parece que el destino se ha ensañado con ella pues desde entonces la vida para ella no ha sido nada fácil. Primero, el padre de sus hijos la abandonó para irse con otra; se casó nuevamente con un señor muy trabajador que la ayudó a educar sus hijos como si fuesen de él.
Además tenían una cría de gallinas que le servía como sustento diario, pero al fallecer éste todo cambió, pues el problema que Chana tiene en la pierna le impidió hacerse cargo de las gallinas, por lo que se perdieron.
La señora Leyda cuenta que sus hijos, esos por los que tanto luchó, sólo se acuerdan que existe de vez en cuando, no la visitan con regularidad, al igual que sus nietos.
"Mis hijos dicen que no me mantienen porque un bisnieto está conmigo; pero él no tiene un buen trabajo y la plata no alcanza", señaló la anciana.
La pobreza en que vive esta señora es marcada.
Vive en una pequeña casita sin luz eléctrica, cocina en un fogón cuando hay para hacerlo o si los vecinos le dan algo de comida. Sólo tiene un inseparable amigo: ese viejo y roto sillón donde se sienta a descansar y a pensar en qué falló, qué fue lo que hizo mal para que lo más grande que Dios le dio: sus "hijos", le den la espalda ahora que tanto lo necesita; pero a pesar de todo esto es una abuela alegre.
El rostro de doña Chana, refleja muchos años de sacrificio y esmero; en sus ojos brilla la luz de esperanza que guarda cada día para que alguien se solidarice y la ayude para que por lo menos los últimos años de vida que le quedan sean mejores, especialmente al lado de sus hijos.


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190816
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América