Nación

Una mano de hierro que juzga crímenes de guerra

De madre panameña, Elizabeth Odio Benito es fiel defensora de los derechos de las mujeres, quienes pueden vencer todas las barreras si tienen una sólida educación.


Es una mujer sencilla, pese a su fama y conocimientos. Llegó a las instalaciones de El Panamá América apresurada. Su apretada agenda de entrevistas en este país la habían retrasado para una cita concertada para las 2:00 p.m., por lo que pidió excusas.
Elizabeth Odio Benito, actual juez y vicepresidenta de la Corte Penal Internacional (CPI), hizo su aparición con un pequeño bolso de cuero cruzado en el pecho y un maletín en una mano.
Durante la entrevista demostró paciencia, propia de una mujer que ha pasado 27 años enseñando en la Universidad de Costa Rica, en donde se graduó como abogada.
Su vocación en defensa de los derechos humanos comenzó a tomar calor cuando era niña. En la escuela se daba cuenta de la diferencia entre los que tenían y los que no. Veía a estudiantes sin calzado porque no había dinero para comprarlo. En la Universidad escuchó hablar del apartheid en Sudáfrica, de la situación política en América Latina y de las gravísimas violaciones de los derechos humanos en la región.
Luego pasó a la acción y se comprometió con las víctimas de las desigualdades. Entre ellos había desplazados, refugiados y torturados.
Su preparación académica y experiencia la llevaron en 1993 a integrar el equipo de 11 jueces del Tribunal ad hoc creado por Naciones Unidas para juzgar los crímenes de guerra cometidos en la antigua Yugoslavia.
Odio Benito confiesa a El Panamá América que cuando se creía preparada para juzgar crímenes de tal envergadura, su ser se estremeció con lo que leyó, lo que escuchó y lo que vio para esa fecha.
El Panamá América (EPA) le hizo una pregunta muy simple: ¿Qué tan impresionante fue su experiencia con el caso de la ex Yugoslavia?
Antes de responder, Elizabeth Odio Benito (EOB) respiró fuerte. Levantó el rostro tratando de acomodar sus agolpados pensamientos. Su mirada se tornó triste; por un momento sus ojos verdes parecían tomar una tonalidad gris, pero volvió a la pregunta y respondió:
EOB: "Esa experiencia es una de las más fuertes e importantes que he tenido en mi vida. He trabajado por más de 30 años en derechos humanos, fui activista en varios grupos y organizaciones desde los años 60. Apoyaba a los refugiados de Centroamérica y del Cono Sur que llegaban a Costa Rica buscando refugio. He trabajado con sobrevivientes de la tortura, pero nada..., nada de eso me había preparado para enfrentar el horror de lo más perverso que un ser humano puede hacerle a otro en una guerra... y muchas veces en nombre de Dios. Esto de trabajar como digo yo, con lo peor del alma humana, fue terrible y doloroso".
Odio recuerda como si fuera ayer el primer caso en el que intervino. Le tocó estudiar el expediente del primer acusado luego de que el fiscal del tribunal culminó las investigaciones.
Esa tarde ella se llevó el expediente para su casa, pero lo que leyó no la dejó dormir. La impresión fue grande y tal como lo describe:
EOB: "No podía creer lo que leía, y le confieso que estuve tentada seriamente a decir: Me voy para mi casa. No sé si voy a ser capaz de aguantar esto. Seguí y después vino otra parte que también fue terriblemente difícil. Fue ya no sólo leerlo, sino ver a las víctimas. Uno sentado como juez y las víctimas declarando lo ocurrido a ellas, a ellos, a sus familiares. Había momentos en que uno tenía que disociarse para no ponerse a llorar".
Después de culminar su trabajo en el tribunal, Odio Benito ni siquiera quiso pensar en tener otra experiencia similar, porque para ella fue muy dolorosa.
Pero parece que el destino sonó la campana y la llamó para otra causa: integrar la Corte Penal Internacional.
Su candidatura fue propuesta por unas 2,500 organizaciones latinoamericanas de derechos humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, del que forma parte.
Pero surgió un sorpresivo obstáculo: la oposición del presidente de Costa Rica, Abel Pacheco, ante quien insistieron los grupos organizados para proponer a Odio Benito.
La respuesta del presidente no varió y los grupos lucharon para que otro país latinoamericano hiciera la postulación. El Gobierno de Panamá se ofreció desde el primer momento y es así como se lanza la candidatura a la que siguió un intenso trabajo de búsqueda de apoyo que incluyó la vía diplomática. El resultado fue exitoso.
Odio Benito es elegida junto a otros tres latinoamericanos para representar a la región en la Corte, y logró ocupar la segunda vicepresidencia del organismo, que es presidido por un canadiense.
Su triunfo la trajo a Panamá, por una razón sencilla: Agradecer personalmente a la presidenta Mireya Moscoso el apoyo para integrar la Corte y para participar en un foro de un grupo de mujeres organizadas que la invitaron como expositora especial.
Entre tanto, El Panamá América le pregunta a la juez sobre la conducta de su compatriota y copartidario, Abel Pacheco. La respuesta le sale sin complicaciones:
EOB: "Mi candidatura fue vista con simpatía por ser la única de Centroamérica. Durante mi encuentro (el pasado jueves) con la presidenta Moscoso, le comenté que esta es una prueba de lo que Centroamérica puede hacer si trabaja unida. Las mujeres tenemos el camino lleno de obstáculos. No es cierto que no se nos discrimina. Lo que me pasó a mí ahora, al cabo de tantos años y ya tan grande con el presidente Pacheco, es una prueba de lo que nos pasa a las mujeres. Este señor de pronto dice NO. Que puede ser el papá, que puede ser el marido, que puede ser un presidente. Simplemente...NO, usted...NO".
EPA: ¿Ha tenido diferencias con el presidente?
EOB: "Se supone que militamos en el mismo partido (ríe). Simplemente le caigo mal" (risa más prolongada).
Elizabeth Odio comenzó su trabajo en Yugoslavia en medio de la guerra y fue juramentada como juez de la Corte Penal Internacional pocos días antes de que estallara la guerra en Irak.
Esta última guerra la sorprendió en Panamá, a donde llegó pocas horas antes de que estallara el conflicto que involucra a dos países que se negaron a formar parte de la Corte.
EPA: ¿En caso de crímenes graves en esta guerra en Irak, podrían algunos casos ser juzgados por la Corte Penal?
EOB: "La Corte ejerce su mandato o jurisdicción sobre los ciudadanos de los Estados que son parte del Estatuto de Roma, sobre el que se fundamenta la Corte. No hay jurisdicción universal, sino que es una corte internacional. Sin embargo, hay la posibilidad que está dada por el propio estatuto, que es la potestad que tiene el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de enviar casos a la Corte cuando juzgue que se trata de situaciones que ponen en riesgo la paz y la seguridad internacionales, aunque no sean estados miembros. Eso puede llegar a conocimiento de la Corte"
Odio Benito ejercerá el cargo por nueve años, plazo determinado mediante un sorteo entre los 18 jueces que integran la Corte. Curiosamente, 4 de los 6 jueces que lograron el mandato máximo de 9 años, son mujeres. Otros 6 jueces tendrán un periodo de 3 años y los restantes 6 un periodo de 6 años. Aunque al principio había tomado la decisión de no repetir la historia vivida de la ex Yugoslavia, varió de posición.
EOB: "Cuando estos grupos comenzaron a buscarme para que se postulara mi nombre, les dije que no, pero después hicimos una serie de análisis y respondí positivamente porque se adquiere una responsabilidad. La experiencia que uno tiene, el haber pasado ya por estas cosas hacen que uno asuma un compromiso y si se le vuelve a requerir, sobre todo de los grupos de mujeres, esa presencia para garantizar hasta donde sea humanamente posible que los crímenes cometidos contra las mujeres en estos conflictos armados van a ser correctamente juzgados, fue lo que me motivó a volver a esto".
La CPI, que entró en vigor en julio del 2002, investiga y lleva ante la justicia a los individuos, no a los estados, responsables de cometer violaciones más graves al derecho internacional humanitario: genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
Otro delito que juzgará será el de agresión, pero todavía no ha sido definido, por lo que El Panamá América le preguntó a la juez: ¿Cuál es el obstáculo?
EOB: "Cuesta definir el delito de agresión por el enorme componente político que tiene. Vamos a usar como ejemplo, sin entrar a calificarlo como tal, ahora que Estados Unidos invade otro país, si eso se va a considerar o no agresión. Imagínese la carga política que tiene una cosa de esa. Eso hace que sea altamente candente y que nunca se haya logrado el acuerdo. Pensemos que el Estatuto de Roma fue el resultado de un consenso de más de 180 países, los que a lo largo de cinco semanas fueron capaces de llegar a un consenso sobre lo que se iba a considerar crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, genocidio. Se tomó toda la experiencia que había acumulada incluso por los tribunales ad hoc. Al final de la votación, sólo siete países votaron en contra, unos 20 se abstuvieron y más de 100 votaron a favor. Pero eso no se logró con el delito de agresión, y son los Estados partes los que deben ponerse de acuerdo. Va a ser difícil, pero creo que se van a poner de acuerdo".
Odio Benito ha sido Vicepresidenta de la República de Costa Rica, dos veces ministra de Justicia, ministra del Ambiente (durante el gobierno de Miguel Angel Rodríguez, 1998-2002); profesora emérita de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica, Relatora Especial de la Subcomisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Embajadora Especial y Jefe de Misión de su Gobierno en la preparación de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos. Preparó el texto del Protocolo Opcional a la Convención contra la Tortura, aprobado por la Comisión de Derechos Humanos y el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas
Luchó porque se tipificara la violencia sexual sufrida por las mujeres como crímenes de guerra, materia que se recogió en sentencias del Tribunal ad hoc y fue un precedente esencial para la redacción del Estatuto que dio vida a la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, Holanda.
Su investigación sobre discriminación en materia de religión y creencias fue publicada en todos los idiomas oficiales de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Su experiencia se extiende a otras áreas y es así como formó parte de una comisión asesora en la Organización Internacional para la Propiedad Intelectual (OMPI).
Pero todas estas vivencias parecen hacer cada vez más humilde a una mujer a quien le fascina la natación, la literatura, el ciclismo y el tenis. La juez que ha sentado al banquillo de los acusados a los más terribles criminales, gasta una broma con El Panamá América al decir que ahora a su edad, lo que hace es caminar y estudiar mucho, por lo que no le dedica tanto tiempo a la literatura como quisiera.
Al término de la entrevista y en el exterior de la Sala de Redacción de El Panamá América, da un ligero vistazo por la vía Ricardo J. Alfaro y exclama: "¡Cuánto ha crecido la ciudad! Antes venía mucho a Panamá con mi mamá, a quien le gustaba hacer compras".
Y no es para menos que a su madre, que ahora tiene 90 años, le encante Panamá, pues aquí nació. Y su progenitora es buena panameña, porque le fascinan las fiestas, aunque la juez dice que en esta materia no la acompaña, porque le gusta dormir temprano.


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113574
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América