Nación

Una muerte que no quedó impune

La triste experiencia debe servir para que los organizadores de eventos tomen medidas de seguridad.


Precisamente cuando se entonaban las notas del himno nacional y antes de que iniciara una batalla colonial de béisbol entre las novenas de Panamá y Estados Unidos, sucedió una tragedia. Ricardo Vega y su amigo Carlos Julio tenían como entretenimiento asistir al béisbol nacional, así que fueron al estadio el 5 de noviembre de 2003, pero el primero nunca regreso a su hogar.
Cuando Carlos Julio mandó a comprar los boletos para el partido entre Panamá y Estados Unidos en el Preolímpico del 2003, jamás pensó que era un boleto mortal.
Su compañero, amigo y vecino le acompañó. No había boletos de butaca donde siempre se sentaban, sólo laterales y allí precisamente cayó el proyectil que acabó con la vida de Ricardo Vega.
Ricardo de 41 años, fue impactado en el pecho por un proyectil pirotécnico, y batalló por su vida durante 11 días. Murió el 16 de noviembre en horas de la tarde.
"Siempre comprábamos pollo, nachos con queso y cerveza la pasábamos bien, hasta ese día", agregó Julio.
Por su parte, Iliana Barona viuda de Vega, manifestó al Panamá América que "No ha sido fácil afrontar esta situación", por casi dos años llena de retos, soledad y recuerdos que no se olvidarán.
"No soy fuerte, pero tengo que serlo, pues estoy sola con mis tres hijas, quienes comen, visten y van a la escuela; aunque hay veces que no aguanto más y me quiebro", contó Iliana.
La vida de la familia Vega y sus amistades, ha cambiado con la pérdida del señor Ricardo.
Asimismo los afectados manifestaron que hasta la fecha, ni siquiera han recibido el pésame por parte de las empresas involucradas en la tragedia.
Sin embargo, de acuerdo a ellos, la "justicia divina" se hizo presente, ya que hoy día el juzgado Sexto de Circuito de lo Civil condenó a los responsables de la muerte del fanático de béisbol, Ricardo Vega, a pagar un resarcimiento económico.
Los beneficiarios en esta demanda civil lo constituyen las hijas de Vega, Emili, Nicole y Michelle, como los vecinos que le acompañaron al juego, Carlos Julio y su hijo Carlitos, quienes sufrieron graves quemaduras y daños psicológicos.
Con este hecho queda comprobado que el béisbol no es tan seguro como aparenta. La noche del 5 de noviembre en el Estadio Nacional, el turno al bate fue para Ricardo Vega, quien se quedó inmóvil con el lanzamiento a mil millas por hora, que hizo el fuego pirotécnico.


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203098
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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