“En muchos lugares del mundo, incluyendo Panamá, el proxenetismo es una realidad alarmante con resultados trágicos. El proxeneta se alimenta de la miseria y la pobreza de niños y jóvenes provenientes, en su mayoría, de hogares disfuncionales, convirtiéndolos en trabajadores sexuales.
No es de extrañar que las niñas y niños que se prostituyen terminen cometiendo delitos y consumiendo drogas. Mejorar la familia es, indiscutiblemente, mejorar la sociedad. Es estar disponibles por restaurar los valores quebrantados, recuperar los perdidos y potenciar los muchos que, afortunadamente, tenemos en buen estado”.