La tranquila comunidad de Río Hato, un pueblo que hasta hace algunos meses se mantenía como testigo mudo de la historia, con sus ruinas de las bases militares que en la segunda la Segunda Guerra Mundial utilizaron los militares americanos y posteriormente la Guardia Nacional, ha logrado en cuestión de días un resurgimiento turístico que le ha devuelto la vida. Pero justamente cuando las cosas empezaban a mejorar, nace el temor de una comunidad que siente que le quieren "robar" sus playas.
Tal y como se muestra en los folletos promocionales de los principales destinos turísticos del mundo, Río Hato cuenta con hermosas playas cubiertas de arena blanca, agua cristalina y un radiante sol casi todo el año.
Estos son sólo parte de los tesoros que desde mediados de siglo pasado se habían apropiado los militares que además de sus bases militares construyeron en esta área, lujosas residencias para atender asuntos personales, nacionales y hasta íntimos.
Después de los bombardeos que vivió esta comunidad durante la invasión de Estados Unidos a Panamá, sólo quedaron las ruinas de las bases que permanecieron en el total abandono, se mantuvieron en pie algunas casas de veraneo y las residencias de los moradores en su mayoría dedicados a la pesca artesanal.
Hace un par de años la cadena hotelera Decameron se interesó por construir un lujoso "resort" que no tiene nada que envidiar a los paraísos de las islas del Caribe y que en cuestión de meses ha convertido a Farallón en un destino turístico internacional.
Pero ahora justamente cuando se ha logrado el despegue turístico en esta región, cuando en seis meses un solo hotel ha logrado traer más de ocho mil turistas, entre canadienses, europeos, americanos y nacionales, un grupo de empresas ha solicitado la autorización para extraer millones de yardas cúbicas de arena submarina frente a las costas de las principales playas de esta comunidad.
El legislador Javier Tejeira fue el primero en dar la voz de alerta a través de una publicación de