Uno de los mayores retos que enfrenta Panamá -a corto plazo- para garantizar un desarrollo sostenible es reducir la dependencia de los derivados del petróleo para generar electricidad.
Sólo en el 2007, la factura petrolera le costó al país B/ 700 millones, un aumento de 11.9% en comparación con el 2006.
De ese monto, el 30% fue consumido por las centrales eléctricas, según el Ministerio de Economía y Finanzas.
Ante este panorama, el Gobierno y los ambientalistas coinciden en que hay que hacer algo urgente. Pero, ¿Se perfilan las energías renovables como una opción?
Desde el punto de vista del Gobierno, la respuesta es negativa, al menos en un futuro cercano.
Isaac Castillo, de la Empresa de Transmisión Eléctrica, asegura que es imposible que a corto plazo las energías renovables desplacen a las convencionales por sus costos.
No obstante, apunta que su desarrollo resulta imprescindible para el país, pues la demanda energética crece a un ritmo anual de 6%, principalmente, por la construcción de altos edificios.
Contrario a esto, Ariel Rodríguez, presidente de la Alianza para la Conservación y el Desarrollo, dice que esto debe ser una prioridad por compromiso generacional ambiental, pero que no ocurre porque competiría con los intereses creados detrás de las hidroeléctricas.
En medio de esta polémica, la consultora ambiental AUMA advierte que el impacto ambiental de las convencionales es 31 veces superior al de las renovables. Hoy se consume 4 veces más energía que hace 40 años.
Repercusiones.
En Panamá, el sector que más contribuye al calentamiento global es el uso de la tierra, seguido por el energético.
Rosilena Lindo, de la Unidad de Cambio Climático de la ANAM, asegura que las emisiones del sector energía representan el 38% de las emisiones totales del país.
Esa cantidad de carbono proviene de gases de efecto invernadero que emanan de las actividades energéticas, incluyendo la quema de combustibles.
Panamá es signatario del Protocolo de Kyoto, pero no tiene la responsabilidad de reducir emisiones, aunque sí se encamina en esa línea.
Aún así, Lindo sostiene que la intensidad energética no ha sido eficiente, pues el consumo de energía creció a un paso más rápido que el PIB.
Según Lindo, Panamá usa 10% más kilovatios-hora por cada balboa del PIB que en 1996. Si se considera la cantidad de dióxido de carbono (CO2) que se emite por cada mil balboas del PIB, se emiten 0.39 toneladas de CO2, por lo que se tiene mucho que hacer para lograr que esa matriz sea sostenible.
Eficiencia.
Los ambientalistas afirman que la mayor preocupación y acción no debe ser hacia el suplido infinito de energía, sino al uso racional, moderado y sustentable.
Con la operación "bombillo", se ha logrado un ahorro mensual de 8,809 barriles de combustible.
Energía renovable: Una alternativa viable y rentable
Actualmente hay una gama de alternativas limpias para producir electricidad: energía solar, eólica, hidráulica, entre otras.
El ingeniero panameño Antonio Clément, quien ganó el tercer puesto en 2007 en el concurso Energy Globe Awards, propone el uso de la energía eólica porque cada megavatio instalado, desplaza o evita la emisión de 2 mil toneladas de CO2.
“Esto es lo mismo que sembrar un bosque maduro de 270 hectáreas y la inversión inicial podría ser de B/ 1,500”, asegura.
Según Clément, un panel de 100 watts cuesta unos B/ 800 y puede aportar a la red 30 kilowatts hora al mes, un 6% de la energía consumida por un cliente que factura 500 kilovatios al mes.
Datos del Ministerio de Comercio e Industrias revelan que la energía eólica tiene la capacidad de generar 167 megavatios hora, 17% del consumo de energía diario, especialmente en Veraguas y Los Santos.
Dani Kuzniecky, ministro de Energía, dijo que 19 empresas han solicitado licencia para desarrollar parques eólicos, pero muchas no han cumplido con las mediciones de viento.
En torno a la energía solar, sostuvo que el problema es peor porque el Sol no sale de noche. De allí, que el Gobierno insiste en que las hidroeléctricas son más factibles por el momento.
El biólogo Ariel Rodríguez refuta estos planteamientos aduciendo que se abrió el permiso de uso de energía solar de manera insignificante para beneficiar a las distribuidoras.